Palabra y obra

69 years of a “nadaísta”
69 años de un nadaísta
8 de Diciembre de 2012


Entre las obras de Eduardo Escobar se encuentran “Invención de la uva”, “Del embrión a la embriaguez”, “Cuac”, “Correspondencia violada”, ”Nadaísmo crónico” y “Antología poética”. Ha colaborado en distintos periódicos y revistas del país.

Óscar Jairo González


69 años. Esa será la edad que cumplirá el escritor, poeta, ensayista y periodista Eduardo Escobar el próximo 20 de diciembre. 69 años de vida de uno de los confundadores de aquel histórico grupo de la literatura local: los nadaístas.
El autor antioqueño, exactamente envigadeño, habla sobre asuntos de su obra.


- ¿En qué momento se hizo consciente de que sería escritor, de que ese sería su destino?


“La fascinación por la escritura debe empezar mucho antes de aprender a leer, en la contemplación callada de los primeros libros mudos de una biblioteca pública donde un pariente remoto ejerce funciones nocturnas. Y se desarrolla a través de transformaciones sutiles, humildes y magníficas a la vez. Como la primera A, arrogante y llena de aire que fuimos capaces de trazar. Y como el primer poema de agradecimiento a mamá, instigado por una maestra de castellano. Y como el primer relato, a la manera de Emilio Salgari o de Ellery Queen, o de los dos, de las primeras lecturas exhaustivas. Ah, y el primer poema de amor a una vecina. Tanta dicha, que a la postre se convierte en la carga de un oficio o en la pesadumbre de una manía invencible”.


- ¿Considera que hoy, todavía, es nadaísta?, ¿Se puede seguir siendo nadaísta?, ¿Qué ha cambiado y qué no?


“El nadaísmo en cierto sentido es un estado del espíritu, una conciencia del desarreglo. Y como lo surreal, y lo romántico, es un sentimiento tan antiguo como los profetas bíblicos precristianos, que amontonaban piedras y se vestían de ceniza.


En lo personal soy fiel a ciertas actitudes estéticas y éticas que los nadaístas de la primera camada reinventamos para defendernos de la indiferencia y de los ataques de los demás, y de las flaquezas de nosotros mismos.


De algún modo, mi trabajo y mi vida tratan de honrar a mis amigos en la fraternidad de los nadaístas. Además, es una cuestión de fidelidad y de respeto conmigo mismo. No tengo otro remedio. No concibo otra manera de vivirme”.


- En la mayoría de los poetas, como ellos mismos lo afirman, la poesía tiene el poder de exorcismo, liberación y expiación, o condenación, exhumación y hundimiento, ¿para qué le sirve a usted escribir?


“Escribir acaba por convertirse en un modo de vida, de sobrevivir. Simplemente es lo que hacemos. Como otros fabrican zapatos.


La mano que maneja la pluma vale tanto como la que conduce el arado, proclamaba Rimbaud. Shakespeare escribió por dinero. El romanticismo hizo de la escritura un arrebato y del artista un icono. En las enciclopedias literarias los retratos de las páginas dedicadas al romanticismo semejan un desfile de actores, de seres desdoblados en posturas heroicas, con la mirada puesta en las estrellas. No en las estrellas: en los horizontes del egoísmo y la vanidad que ocultan el sentimiento de exclusión”.


- Hay temas que un escritor siempre trata, que convierte en sus símbolos, ¿cuáles son los suyos?


“No tengo la menor idea. Supongo que hay obsesiones que se gastan, sobre las cuales crecen obsesiones nuevas que se gastan, etcétera.


Los enigmas de la personalidad que se pueden rastrear en cualquier escritura tal vez deben quedar incógnitos para la mano de quien escribe, so pena de condenarse a la inmovilidad y la vergüenza. Qué tal que yo me hiciera consciente un día cualquiera, y el año esté lejano, de que lo único que busco escribiendo es santificarme: la santidad, la nada, el hogar del silencio”.


-  ¿Cuál es su método para escribir?, ¿tiene una técnica literaria?


“Escribir es siempre dejarse arrastrar. La lengua nos arrastra. El escritor es un medio. El cuerpo conductor. Lo demás es arrogancia. Y la arrogancia acaba por aburrir. Los textos nos poseen. Pasan a través de nosotros. Son milagrosos esos textos que vienen de una vez de Nosesabedónde, y que nunca se dejan corregir en lo esencia, acotar o añadir. Y qué pesados son esos otros que se trabajan y trabajan una vida y nunca acaban de decir lo que nos quieren decir, por nuestra incapacidad para entenderlos, tal vez, por torpeza para oírlos y distinguirlos del ruido de fondo del mundo”.


- Tanto en su obra como en el movimiento nadaísta hay una presencia constante de la ciudad, ¿cómo determina la ciudad su creación literaria?


“Pertenecí a la primera generación colombiana del todo urbana, sin raíces con el campo. Nací en una familia de artesanos, obreros y capataces. Todavía algunos de mis amigos adinerados del colegio tenían padres con cafetales y mulas y ganadería de potrero.
Los nadaístas, con escasas excepciones, fueron todos poetas de la clase media urbana. Media baja y tres cuartos. Y por eso muy temprano comenzamos a nombrar las marcas industriales y los amoblamientos urbanos en nuestros poemas, y convertimos el automóvil y el semáforo en elementos de poesía, como otros habían usado las margaritas, las arias de las ranas y las tragedias de las tórtolas”.


- Gran parte de nuestra poesía y literatura está dominada por la realidad del exilio y el desplazamiento, hacia el interior y el exterior, forzado o no, ¿aparece ese exilio en usted? 


“La escritura, que es comunicación, implica también el exilio. O el ostracismo voluntario. El desplazamiento también es inevitable.


Se escribe siempre desde otra orilla, desde la soledad. Y además, la máxima aspiración de un escritor no es hallar su propia voz, sino reinventar su lengua, la lengua.
Temo a los alborotos sociales y sobre todo a los escritores sociales, que viven en la sociedad imperfecta de la manada. Donde se envidian, se endiosan y e odian”.


- Lo femenino se halla incrustado de una forma fuerte en su trabajo, ¿cómo se da esap resencia?


“La mujer, el deseo, lo femenino, el cuerpo de la otra, están en los orígenes de la poesía. Todos los grandes textos enredan algún cuento de amor, desde Adán y Eva y sus hijos agónicos, antagónicos.


Para los investigadores de las oscuridades de lo inconsciente, de la llamada por los filósofos bolcheviques ‘psicología profunda’, los hombres nos movemos en busca del secreto, del misterio de la mujer en todo cuanto hacemos.


Todos los poetas cantan a la misma mujer. Todos los poetas escriben el mismo poema. Escribió un viejo poeta árabe. Entre todos escribimos un poema de amor interminable. Pero el psicólogo moderno, más práctico, dice que todo huele a sexo”.


- Todos tenemos dentro de nuestras fascinaciones una serie de escritores y de lecturas, ¿podría hablarnos de un poeta que le haya provocado esa fascinación?


“El malcomprendido poema de Spengler titulado ‘La decadencia de Occidente’. ‘Ulises’ de Joyce. ‘La muerte de Virgilio’, de Broch, un poema esencial. La reinvención de la fábula de ‘José y sus hermanos’ de Mann, inolvidable.


Dante. Homero. Shakespeare. Baudelaire. Rimbaud. Maikovski. Fernando González. Es imposible agradecer a todos esos artesanos que han enriquecido la vida con sus invenciones y le conceden un significado, aunque sea dudoso, que parecía imposible encontrar.
‘El cuarteto de Alejandría’. ‘El Quijote’. Rabelais. Pound. Etcétera. Etcétera”.


- ¿Qué queda en usted de rebelde, genial y peligroso?


“Nadie deja de ser peligroso jamás, aunque sea solo para sí mismo, o para la misma lengua que debe sufrir nuestras afrentas, aunque sea tan solo para quienes han tenido el infortunio de tenerte demasiado cerca.


Rebelde sigo siendo. Con una diferencia. Cuando tenía quince años el llamado de necesidad era a la destrucción y el desorden, en un mundo anquilosado, con el alma enyesada. Y ahora, a los sesenta, en un mundo desbarajustado, revuelto y en guerra, abierta o sorda, con el cielo herido y los montes llagados y la tierra que clama bajo el peso de una masa de animales enfermos y ciegos, sin espíritu y sin evangelio, pienso que el desorden debería cesar, aunque sea un instante, para volvernos hacia nosotros mismos.


Ahora, al cabo de las decepciones revolucionarias del humanismo materialista, sabemos que el mal no está en las formas de gobierno sino en el propio corazón, en las estructuras del pensamiento y en las concepciones del amor, la vida y el tiempo. El desorden social es tan solo un síntoma de un mal radical, sin redención posible fuera del milagro”.



Eduardo Escobar


"... No solo de poesía vive el hombre y menos en Colombia traficando con libros narcóticos. Para sacudir la inopia, como tantos otros antiguos y modernos poetas o simples mortales, recurrí a mil oficios ramplones y actividades prosaicas: fui auxiliar de contabilidad en una pesadilla, patinador de banco todo un junio, mensajero sin bicicleta en una oficina de bienes raíces mientras leí Teoría del desarraigo, fabriqué bolsas de polietileno, joyeros de cartón y terciopelo, fui almacenista, leí a Joyce en una bodega, me desempeñé también como anticuario ambulante, como vendedor de muñecas de navidad fuera de temporada, de diarios y semanarios y mensuarios a la entrada de una clínica de lujo. Artesano de baratijas de cobre. Armador de faroles para barco. Promotor de rifas clandestinas sin premio, por el apremio. Ayudante de cocina por el arroz con chipichipi. Pastor de aves de corral. Maestro sablista del sutil abordaje. Cantinero. Escritor de nimiedades para revistas intrascendentes. Crítico de arte mercenario. Hasta campanero fui de una pandilla de marihuanos. Así aprendí a odiar el trabajo sudando petróleo...".


Fragmento de "Quién es quién en la poesía colombiana" sobre Escobar. Rogelio Echevarria, texto disponible en la Biblioteca Virtual del Banco de la República.




Nadaísmo


Movimiento literario que nació en Medellín en la década del 50, y tuvo su más intenso periodo de producción en los años 60. El Nadaísmo fue uno de los más importantes momentos para la historia de la literatura de la ciudad. Su influencia en los nuevos escritores aún se conserva.


Se caracterizó por ser una corriente contracultural de jóvenes intelectuales que, con sus letras, evidenciaron la pacata, conservadora y doble moralista vida de la Medellín de la época.


Entre los integrantes de este grupo se encuentran Gonzalo Arango, Jaime Jaramillo Escobar, Jotamario Arbeláez, Eduardo Escobar, entre otros.