Columnistas

Algo va mal
Autor: Dario Valencia Restrepo
8 de Diciembre de 2012


“Y lo peor es que cunde un malestar pero las gentes no tienen claro qué hacer y dejan en manos de unos políticos desacreditados, y con frecuencia corruptos, las grandes decisiones”.

“Y lo peor es que cunde un malestar pero las gentes no tienen claro qué hacer y dejan en manos de unos políticos desacreditados, y con frecuencia corruptos, las grandes decisiones”. Así se expresa Tony Judt en uno de sus últimos libros, “Ill Fares the Land”, traducido al español con el título “Algo va mal” y publicado por la editorial Taurus en 2010, el mismo año de su publicación en lengua inglesa. Una sentencia profética si se observa lo que ha venido ocurriendo con recientes movimientos como el de “Los indignados” en España y “Ocupemos Wall Street” en Estados Unidos. Esas justas protestas que recorren el mundo no cambiarán nada importante si no se encauzan políticamente con el fin de obligar grandes transformaciones o de luchar por el acceso al poder.


Judt fue el más destacado de un notable grupo de historiadores formados en la Universidad de Cambridge en los años sesenta, y es considerado uno de los grandes historiadores de la Europa moderna, aunque inicialmente se dedicó a estudiar el socialismo francés del siglo XIX. Se destacó además como un crítico y ensayista político que fustigó las ortodoxias y enfrentó a los defensores del comunismo y al lobby de Israel.


En 2008 le fue diagnosticada la terrible enfermedad de Lou Gehring y poco después estaba en condición de parapléjico y con necesidad de un respirador artificial. Resulta increíble que en esas  condiciones escribiera tres libros, el primero de los cuales fue el antes mencionado, y terminara un mes antes de su muerte en 2010 el tercero, “Thinking the Twentieth Century”, basado en unas conversaciones con Timothy Snyder. En este último se ocupa inicialmente del idealismo judío y el sufrimiento de ese pueblo en Europa, para terminar con la descripción del fracaso de la política exterior de los Estados Unidos después de la Guerra Fría. Incluye así mismo algunos aspectos autobiográficos.


En el libro “Algo va mal”, Judt se lamenta del estado de cosas en Estados Unidos, aunque su crítica se extiende a ambos lados del Atlántico, y la emprende contra los radicales defensores del mercado para luego señalar las virtudes de la acción colectiva en pro del bien común. Muestra como ejemplar la socialdemocracia que han practicado los escandinavos, una especie de conjunción entre objetivos radicales (impuestos elevados, preponderancia del sector público, sindicatos fuertes y amplia protección social) y la tradición liberal de Occidente. A esa conclusión llega después de examinar los males de nuestro tiempo, en particular las graves consecuencias del aumento de la desigualdad (cita con frecuencia el libro “The Spirit Level”, reseñado en columna anterior), el auge del poder financiero frente a los auténticos creadores de riqueza, el consumo ostentoso de bienes superfluos, el desprecio de lo comunitario y lo público y la creencia de que es posible un crecimiento sin límites.


El autor termina con un bello estudio del transporte público, el cual implica una paradoja: mientras mejor preste su servicio, menos rentable puede ser. Señala que los ferrocarriles son a la vez una actividad económica y un esencial bien público, fundamental como servicio social y como factor integrador de un país.
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Procurador. Un funcionario que mediante subterfugios limita el cumplimiento de normas legales porque contradicen sus principios personales, y que por ello se ve obligado a rectificar públicamente ciertas afirmaciones y a modificar una posición suya sobre un anticonceptivo oral ¿qué autoridad tiene para exigir a otros servidores públicos que cumplan la Constitución y la Ley?


Profecías mayas. Como la estupidez humana no tiene límites, han aparecido unos lunáticos que esperan grandes cataclismos el próximo 21 de diciembre y, aupados por una prensa que se beneficia del sensacionalismo, han llegado hasta construir búnkeres dizque para protegerse. Todo ello basado en supuestas profecías de un pueblo que al respecto sólo se limitó a diseñar unos calendarios cíclicos de alta precisión. (Detalles en www.valenciad.com/Columnas/201013.pdf)