Columnistas

Deo gratias: gasolina a -$100
Autor: Alejandro Garcia Gomez
6 de Diciembre de 2012


Supongamos que usted anduviera sin dinero, sin quién le preste además, y apareciera alguien y le propusiera cosecharle los productos de su propiedad –la de usted- con la condición de que esa alma caritativa se los cosecha

Supongamos que usted anduviera sin dinero, sin quién le preste además, y apareciera alguien y le propusiera cosecharle los productos de su propiedad –la de usted- con la condición de que esa alma caritativa se los cosecha, sí, y se los paga, sí, pero si usted le compra una parte de esos productos para que usted los consuma o los salga a vender al mercado, pero eso sí usted debe pagárselos a él a precios del mercado y él venderá el resto donde él desee. ¿Le parece imposible de que este absurdo ocurra? Es verdad que es un absurdo. Pero así se negocia con nuestro petróleo.


Ahora el gobierno promociona -con campanadas navideñas- la rebaja de 100 pesitos (menos de 4 centavos de dólar actuales) en el costo de la gasolina. Según datos de los expertos, un galón de gasolina, con excelentes ganancias para el gobierno e intermediarios, no costaría más de $4.500 (1,6 dólares) al consumidor final pero nos lo venden a un promedio de $8.700 (3.1 dólares). Una de las razones más protuberantes para esta antropofagia son los absurdos contratos leoninos de las concesiones petroleras a las transnacionales, que las parabolicé al comienzo de este artículo. Esa es la más grande razón. Pero además, el gobierno nacional le ha ido colgando una innumerable cantidad de sobrecostos a manera de impuestos indirectos a la población, con los que los más perjudicados son la clase media y los sectores más pobres y necesitados. Me explico: como la gasolina es un bien de consumo no solo necesario sino imprescindible, hay que comprarlo quieras o no. El gravamen es igual para el potentado de miles de millones de fortuna o el del salario mínimo o menos. Todos debemos pagar lo mismo porque de cualquier manera todos utilizamos el transporte para nuestra movilización o la de los productos que consumimos, con el beneplácito de que el recaudo de este impuesto es inmediato, dura lo que demora la “tanqueada”.


¿Por qué el gobierno hace ahora esta “rebaja”? Pueden ser varias las causas, algunas de las cuales pueden ser: (i) El bajonazo del Presidente Santos (15 puntos) en las encuestas por el fallo de La Haya (que justo es reconocerlo, como presidente es el que menos responsabilidad tiene, a no ser la de rodearse de esos “colaboradores”, uno de los cuales, el exministro Fernández de Soto, tuvo el cinismo de renunciar a su cargo en este año, a pocos meses del fallo, para emplearse en una transnacional con sueldo internacional). (ii) La leonina e incoherente reforma tributaria que ya se aprobó en primer debate en el Congreso, a pupitrazo limpio como es la costumbre de nuestros parlamentarios que después se quejan de que no leyeron bien las leyes aprobadas. El candidato Santos prometió que no habría más impuestos. El candidato Mockus grabó esa promesa en una roca virtual en el recordado debate televisado. ¿Será verdad que los mentirosos caen más rápido que los cojos? (iii) Es quizá más folclórica pero no menos cínica: llegó la navidad. Ding, dong, ding, dong: el Niño Jesús del gobierno nos regala menos de cuatro centavos de dólar por este mes. (iv) El gobierno asegura que esta rebaja se da por la baja de precios de la cotización internacional. (La mala noticia: por estructura legal, el gobierno no puede obligar a las gasolineras a la rebaja, lo aseguró el superintendente, este primero de diciembre).


Deo gratias, demos gracias a Dios, y comamos callados ya que no hemos sido capaces de levantar nuestra voz ante este atropello de años.