Editorial

El nuevo estatus palestino
5 de Diciembre de 2012


La resolución que eleva el estatus de Palestina de “entidad observadora” a “Estado no miembro” de la ONU tiene un sabor agridulce para los demócratas y amantes de la paz en el mundo.

El pasado 29 de noviembre pasará a la historia del prolongado conflicto palestino-israelí como la más sonada victoria diplomática de Mahmud Abbas, presidente de la Autoridad Nacional Palestina desde enero de 2005, cuando sucedió al mítico y controvertido líder Yasser Arafat. Sin embargo, el hecho de conseguir que la Asamblea General de Naciones Unidas votara por abrumadora mayoría de 138 votos a favor, nueve en contra y 41 abstenciones -entre ellas la de Colombia- una resolución que eleva el estatus de Palestina de “entidad observadora” a “Estado observador no miembro” de la organización, tiene un sabor agridulce para los demócratas y amantes de la paz en el mundo.


¿Qué significa eso de “Estado observador no miembro”? Es la condición que hoy tiene el Estado Vaticano en el seno de la ONU. Asiste a las sesiones de la Asamblea General, pero sin derecho a voto. Palestina podrá de ahora en adelante unirse a organismos subalternos de Naciones Unidas, como la Corte Penal Internacional, ante la cual podrá incluso demandar presuntas violaciones al DIH por parte de Israel en desarrollo del conflicto que los enfrenta y cuyo actor más violento ha sido el movimiento extremista islámico Hamás, con dominio sobre la Franja de Gaza, con el cual Israel firmó poco antes de la votación en la ONU un precario cese al fuego.


A propósito de la visita del señor Abbas a Colombia, en octubre de 2011, en el marco de sus intensas giras por el mundo en busca de apoyo a su aspiración, expusimos aquí la tesis de que una imposición de la mayoría, que ya entonces se advertía favorable al ingreso de Palestina al organismo internacional, no garantizaría por sí misma la paz duradera y la seguridad en el Medio Oriente, por la sencilla razón de que sería una membrecía obtenida a espaldas del Estado de Israel y sin el respaldo de Estados Unidos. Y ya se está viendo que, pese a tratarse de una victoria apenas tan simbólica como el estatus otorgado, la reacción de Israel ante la derrota no ha sido meramente retórica sino que se ha traducido en sanciones económicas y en la decisión de reactivar la construcción de nuevos asentamientos en los territorios ocupados de Cisjordania.


Dos días después de la histórica resolución, mientras Abbas era recibido como un héroe por las multitudes palestinas en Ramala, ante las cuales declaraba que “el mundo ha dicho sí a nuestra independencia y libertad y ha dicho no a la ocupación y los asentamientos”, en Jerusalén el Gobierno israelí respondía a la derrota diplomática con el anuncio de que retendrá 460 millones de shekel (US$120 millones) de fondos palestinos y se cobrará con ellos la deuda acumulada de la Autoridad Palestina con la compañía de electricidad de Israel. Si cumplen su amenaza significa que se da al traste con un importante acuerdo, resultante del Protocolo de París, suscrito en 1995 como una de las etapas posteriores de los acuerdos de Oslo, según el cual Israel cobra para los palestinos los aranceles de aduana por productos importados por estos que pasan por Israel, así como también los impuestos que pagan trabajadores palestinos en Israel. Congelar o negar la entrega de esos fondos complicaría la ya difícil situación presupuestal del Gobierno de Al Fatah.


Más grave que lo anterior es la decisión adoptada el viernes por el Gabinete de ministros, encabezados por el premier Netanyahu, de construir 3.000 nuevas viviendas en Jerusalén oriental y Cisjordania, es decir, en territorios que para los israelíes están “en disputa” y su definitivo estatus debería ser resuelto mediante negociaciones bilaterales que, ahora, con la resolución de la ONU y las represalias de Israel, quedan en veremos. Por lo pronto, el anuncio de reactivar los asentamientos en territorios ocupados ha recibido el rechazo de su mayor aliado, Estados Unidos, y además de Reino Unido y Alemania, que han sido los más fuertes soportes de Israel en Europa.


Ahora se entiende mejor el por qué la abstención de Colombia, junto a otros 40 países, entre ellos 15 de los 27 que hacen parte de la Unión Europea. Los palestinos la entendieron como una “decisión soberana de un país amigo” y, en verdad, tomar partido habría debilitado su posición como eventual mediador entre las partes.