Columnistas

El derecho al pataleo
Autor: Omaira Martínez Cardona
5 de Diciembre de 2012


Una característica de nuestra idiosincrasia colombiana es que no valoramos lo que tenemos hasta que lo perdemos.

Una característica de nuestra idiosincrasia colombiana es que no valoramos lo que tenemos hasta que lo perdemos. Esto sumado a que somos malos perdedores se evidencia en nuestra diplomacia que como muchas de las cosas que hacemos en el país, es más reactiva que proactiva. Las diversas manifestaciones que ha suscitado el fallo de la Corte Internacional de Justicia que debilita la soberanía de  Colombia, otorgándole espacio marítimo a Nicaragua, se asemejan a las “pataletas” de quienes reaccionan apasionada y agresivamente cuando no obtienen lo que quieren, aún sabiendo que el esfuerzo no fue suficiente.


En cualquier tipo de negociación incluyendo las que se generan entre Estados, perder siempre es uno de los escenarios posibles y obviamente como en cualquier situación de la vida, las consecuencias que deben asumirse cuando no se obtiene lo que se daba por hecho, es algo para lo que hay que prepararse. En todo desacuerdo, las alternativas posibles es lo primero que debe vislumbrarse. ¿Nunca pensamos que podría pasar lo que pasó? En este tipo de situaciones, el análisis no debe diluirse entre el señalamiento de culpables, el patriotismo radical, la no ratificación de lo pactado y los reproches contra la gobernabilidad. ¿A quién le agrada que le quiten el control de su territorio?, es por el dominio de la tierra que se originaron los primeros conflictos entre las civilizaciones y es por lo que nunca terminarán.


Si es complicado hablar de límites en nuestros municipios, ciudades y barrios donde ni siquiera se contempla la posibilidad de negociar antes de cruzar una calle que traspasa una “frontera invisible”, mucho más compleja aún es la decisión sobre temas de soberanía de Estado que involucran límites marítimos, tan turbios como las aguas profundas que los definen. El sistema judicial internacional ofrece diversos mecanismos, depende de cada país cómo los usa. Cuando se firman los acuerdos y tratados internacionales se tiene la opción de aceptar o rechazar la competencia de la Corte Internacional y tratar de dirimir cualquier desacuerdo por otros métodos, pero hay que hacerlo a tiempo. No hay que esperar hasta ahogarse para patalear, ni escudarse en el discurso del aparente interés por el sustento de los pescadores, ni gobernar desde allí cuando pasaron años de indiferencia y desconocimiento.


La diplomacia como práctica y campo de estudio se ha transformado hacia métodos más complejos y diversos en los que las prioridades se definen de acuerdo a intereses generalmente de índole económico más que político o cultural. La descentralización del sistema internacional exige nuevas formas de relacionamiento y negociación. Ante este escenario que al parecer el país no consideró, es mejor reconocer -como la han hecho pocos- que al igual que muchos otros territorios nacionales, al archipiélago no se le tiene muy en cuenta más que para disfrutar de sus paisajes. Siempre existe el derecho al pataleo especialmente con lo que no conviene, pero cuando se confía y delega en otras instancias la toma de decisiones en ciertos asuntos, se debe contemplar como escenario posible un final que no era el esperado.


Al margen: Otra evidencia de nuestra idiosincrasia es el revuelo por los memorables conciertos de Madonna que aunque son un logro importante para promover la ciudad, demuestran que aún no estamos listos culturalmente para hacerlos. En otras ciudades del mundo, conciertos de este nivel se realizan con éxito y sin tanto agite mediático y administrativo, no paralizan la ciudad ni ocasionan tanto desgaste. Desplazar el interés de la ciudadanía de un hecho  tan importante como el retiro del país de un tratado internacional es la manifestación de que todavía falta formación en cultura ciudadana.