Columnistas

El binomio Brandt-Benedetti
Autor: Carlos Alberto Gomez Fajardo
27 de Noviembre de 2012


No se sabe cuantas veces –han sido varias- ha intentado proponer leyes a favor de la eutanasia el senador Armando Benedetti.

No se sabe cuantas veces –han sido varias- ha intentado proponer leyes a favor de la eutanasia el senador Armando Benedetti.  Por lo que se alcanza a ver en las fuentes electrónicas, sus proyectos en varias ocasiones han dejado de progresar en los trámites legislativos, salvo el último, que ha pasado por primer debate. Algo que sí parece claro es que aquel funcionario tiene un poderoso interés o afán que lo obliga a poner empeño y dedicación en esta inicua tarea, la tarea de imponer por ley la muerte de las personas en los máximos momentos de fragilidad de sus vidas. Sus supuestos –equivocados y habilidosamente manipulados- son la dignidad y la compasión. No es él, el propio Benedetti quien matará a determinadas personas: según sus ideas, es el médico “tratante”, o quien éste indique, el encargado de recomendar y hacer el trabajo, y adicionalmente, de hacer constar en el certificado de defunción que la causa de la muerte es una causa “natural”.


Para el lector que quiera formarse un criterio racional basado en la realidad, puede hacerse una recapitulación de hechos históricos ciertos, ya que hoy se vive con el impulso de la ideología de la muerte que pretenden imponer Benedetti  y otros personajes privilegiados por medios masivos de comunicación que también han manifestado su interés en ello, con el beneficio adicional de ser impulsados por la difusión mediática de algunos de los más importantes medios escritos capitalinos, comprometidos a su vez con la causa pro-eutanasia.


En realidad, estamos viviendo  una insólita reaparición de la ideología eugenésica y utilitarista nacional-socialista de la Alemania de los años 30. Las argumentaciones son de igual calado: muerte por compasión, fines utilitarios, primacía de los bienes del conjunto de la sociedad por encima de los derechos del individuo.  Y adicionalmente, una de las pesadillas más atroces de la historia: el médico convertido en ejecutor de sentencias de muerte, por encargo de terceros.


No es que se le hayan ocurrido las cosas al parlamentario en cuestión. El apenas trata de hacer el mismo papel de Karl Brandt. Se da hoy, cosa insólita, propia de un trágico surrealismo mágico caribeño, el caso del binomio Brandt-Benedetti: Karl Brandt, médico de Hitler, fue el encargado de poner en acción el plan Aktion T- 4 de eutanasia.


Se comenzó entonces, como política de Estado, con la eliminación de los indeseables, de aquellos quienes en opinión de algunos funcionarios que así lo certificaban, tenías “vidas que no merecen ser vividas”. Brandt,  “Gruppenführer SS”, comisionado del Reich para la Salud, fue el encargado de poner tal política en marcha, apoyado en un sistema normativo que amparaba la eutanasia como un “servicio”. En el castillo de Hartheim –y en otros campos- se aplicaron los planes de extermino: gases e inyecciones letales. Todo el mundo supo que luego del holocausto Brandt, médico, fue juzgado por crímenes contra la humanidad.


Benedetti, ni médico ni jurista, sólo político, quiere pasar ahora como un paladín de sus insólitas concepciones sobre lo que es el derecho, la libertad, y sobre lo que significa la solidaridad. Y sobre todo, lo que en su sentir es el respeto a la vida humana como principio fundante de la sociedad democrática: algo que a él lo tiene sin cuidado.


Sabiendo esto, hay gentes y agrupaciones políticas que apoyan electoralmente a estas personas, tumultuosos y fogosos repetidores de la ideología más deshumanizada que ha existido, pero ahora, gracias a la inmensa ignorancia de los electores, nuevos paradigmas del “pluralismo democrático”.


Se ignora qué pueda pensar una agrupación política actual, liberal o conservadora, sobre los alcances de la ideología anti-vida propuesta por el senador que comentamos: en todo caso, si se guarda un oportunista silencio sobre este particular, se comparten graves responsabilidades históricas: estas responsabilidades tocan a quienes se mueven en el escenario parlamentario actual, sean o no sus copartidarios.