Columnistas

Educar paga
Autor: Rodrigo Pareja
27 de Noviembre de 2012


La imagen generalizada que se tiene de las contralorías, sean éstas de carácter departamental o municipal, es la de unas instituciones plagadas de inútiles burócratas, todos ellos fichas de los partidos y grupos políticos

La imagen generalizada que se tiene de las contralorías, sean éstas de carácter departamental o municipal, es la de unas instituciones plagadas de inútiles burócratas, todos ellos fichas de los partidos y grupos políticos que de una u otra manera contribuyeron a la elección de sus titulares.


Por esa mala percepción es que muchos ciudadanos piensan que esas dependencias ejercen a veces una especie de justicia sesgada y preferencial, con tolerancia y permisividad, si el sujeto de control encartado en determinado momento por presunta corrupción es poderoso, o como suele decirse de manera coloquial “amigo de la casa”.


Por todo lo anterior es que muchas e importantes voces de dirigentes se alzan de tiempo en tiempo para pedir la supresión de las contralorías, consideradas – a veces con justa razón – como reductos de la peor politiquería y aposentos oficiales de complicidad con el desgreño administrativo.


Sin vestigio alguno de regionalismo hay que decir, sin embargo, que para fortuna de Colombia y muy especialmente de Antioquia, la desteñida imagen de esas dependencias ha comenzado a enmendarse en este departamento bajo la gestión de la actual contralora, Luz Helena Arango Cardona, quien ha implementado un llamativo método que busca más la prevención que el castigo.


En ese contexto la Contraloría departamental ha incrementado el uso de los llamados controles de advertencia, una eficaz herramienta que le permite al fiscalizador adelantarse a los hechos cumplidos, los cuales en la mayoría de los casos quedan sin castigo o se diluyen en el tiempo mediante tantísimos artificios que suelen ser utilizados por los responsables.


Como complemento de esta labor preventiva  - como decían los abuelos es mejor prevenir que curar – se ha puesto en marcha otro programa llamado a revolucionar lo que es el control de los recursos públicos y a crear conciencia entre la comunidad sobre la importancia de participar en esa vigilancia. Se ensaya por primera vez en el país y en América Latina la figura del contralor estudiantil,  creada mediante ordenanza del año 2009, pero no aplicada antes en este departamento, donde ya actúan con singular eficacia 445 de ellos, y cuyo ejemplo será seguido muy pronto en Méjico.


Son alumnos de los últimos grados en los establecimientos oficiales de sus respectivos municipios, elegidos en procesos amplios y democráticos, que cuentan con el total respaldo y acompañamiento de la Contraloría para cumplir la tarea encomendada. Con el tiempo, de este semillero de jóvenes saldrán los nuevos líderes de sus municipios o del departamento, poseedores de una sólida formación en materia de gerencia pública, a la par que habrán creado conciencia sobre el absoluto respeto que se debe tener acerca de los dineros oficiales.


Este programa de contralores estudiantiles se va a ampliar próximamente con la puesta en marcha de otra figura, los auditores universitarios, que serán estudiantes del último semestre de pregrado  de todas las carreras, una iniciativa que ya cuenta con la aprobación y respaldo de 27 universidades.


Es tan exitosa esta filosofía que aplica la agencia fiscal de Antioquia, que ya la Auditoría general de la República sugirió a los 63 contralores del país tramitar con sus asambleas y concejos la expedición de ordenanzas y acuerdos para instituir las figuras del contralor estudiantil y del auditor universitario.


Formar ciudadanos y crear conciencia sobre la pulcritud que se debe tener por los recursos públicos es la consigna de la Contralora de Antioquia, convencida como está de que educar paga y que la prevención es más importante que la represión. Eso sí, sin dejar de aplicar la condigna sanción a todo aquel que viole la norma, sin consideración de grupo, partido o cercanía.