Columnistas

Meritocracia o cambalache
Autor: David Roll
22 de Noviembre de 2012


Muchos de quienes dicen defender la democracia en libros, artículos, discursos, clases o medios de comunicación no son sinceros. Mienten. Y lo hacen con el descaro de quien sabe que no tendrá consecuencias su doblez.

Muchos de quienes dicen defender la democracia en libros, artículos, discursos, clases o medios de comunicación no son sinceros. Mienten. Y lo hacen con el descaro de quien sabe que no tendrá consecuencias su  doblez.  Estos falsos demócratas no se atreven a exponer sus verdaderos pensamientos e intenciones porque quieren beneficiarse de lo que el Estado democrático les ofrece por ahora, aunque no defiendan sus principios realmente.


Unos de ellos son los escépticos ideológicos que en el fondo de su corazón quieren que la democracia alguna vez caiga y sea remplazada por el modelo político que ellos consideran óptimo. Aquí están juntos los que quisieran, aunque no participen en ello, que hubiera una revolución al estilo soviético o una dictadura como las de  Franco o Pinochet. Si son simples ciudadanos es censurable esa doble moral, pero si son funcionarios públicos resulta imperdonable esa hipocresía. No están en este grupo los ciudadanos que se duelen de las grandes falencias de las democracias pero que censurarían alguno de estos actos, e incluso, se opondrían a ellos si hubiera riesgo de que se presentaran. La mayoría pertenecemos a esta categoría y es ese el motivo por el que en toda América, en toda Europa y ahora también en  parte de Asia y África las democracias se mantienen en medio de tantas dificultades.


Pero hay otros enemigos de la democracia aún más preocupantes que los anteriores. Se trata de quienes abusan de la democracia para su propio beneficio, con o sin el adorno de cuestiones ideológicas de extrema izquierda o derecha. En este segundo grupo están por supuesto los políticos corruptos y los funcionarios que delinquen, pero también los ciudadanos que roban al Estado. Puede que hablen bien de la democracia, pero se burlan de ella al no respetar sus normas básicas. También existen en regímenes no democráticos, como lo ha reconocido el nuevo líder chino, o lo aceptan tácitamente estados monárquicos como el de Brunei en el que hay un ministerio anticorrupción. Pero es en la democracia donde estos antidemócratas por conveniencia son un Caballo de Troya difícil de detectar y combatir porque es de la esencia del sistema seguir un procedimiento y presumir la inocencia. Y así debe seguir siéndolo a pesar del costo.


Muy cerca de éstos, tocando en ocasiones la línea de la ilegalidad, están quienes en el sector público utilizan los cargos temporalmente puestos en su cabeza, o las redes de amigos en el sector oficial en el que trabajan, para obtener mediante intrigas lo que en razón de su mérito y esfuerzo no les corresponde. Pueden parecer acciones inocuas por no pertenecer a los dos primeros grupos, pero en mi concepto, atacar la meritocracia es prácticamente un acto de terrorismo a cuenta gotas. La racionalidad del estado democrático se fundamenta en las reglas y la eficiencia, y por ello es muy dañino, además de injusto, el oportunismo de los cargos y conciliábulos para ahogar el esfuerzo y mérito de los más dedicados y preparados para favorecer a los menos activos pero afines ideológicamente o por amistad o redes.


Somos los ciudadanos y en especial los funcionarios públicos, no sólo los altos cargos del Estado y los órganos de control, sino todos, en todos los niveles, quienes debemos hacer algo para que este flagelo contra la democracia casi invisible en el día a día no termine ahogando los esfuerzos de una mayoría laboriosa que sigue las reglas, en  beneficio de unos pocos que las quiebran cotidianamente en su favor y en perjuicio de la democracia misma. Atrás debe quedar ese siglo XX del tango “Cambalache”, donde todo valía igual y nada era mejor. Hay que fortalecer el Capital Social de la confianza en las instituciones, que hace gobernables las democracias según el profesor Robert David Putnam, no permitiendo estos abusos contra la Meritocracia, combatiéndolos o por lo menos, haciéndolos visibles.


*Profesor Titular Universidad Nacional de Colombia