Columnistas

Colombianismos históricos
Autor: Anibal Vallejo Rendón
20 de Noviembre de 2012


Bajo este título Julio César García, historiógrafo y gramático, publicó en varias entregas de la revista institucional Universidad de Antioquia, a comienzos de los años 50, un compendio de términos que reflejan la vida de un pueblo

Bajo este título Julio César García, historiógrafo y gramático, publicó en varias entregas de la revista institucional Universidad de Antioquia, a comienzos de los años 50, un compendio de términos que reflejan la vida de un pueblo y marcaron una época política que hizo historia y que aún se citan. En esta columna nos referimos a algunos de ellos que aluden a las especies animales.


Mico. El P. Julio Tobón define este colombianismo como “sinecura, sobresueldo, partida nueva o sueldo que se añade a un presupuesto fiscal”. En el lenguaje parlamentario se refiere a todo artículo nuevo en un proyecto de ley, ordenanza o acuerdo, para eludir el trámite de los debates reglamentarios al votar erogaciones nuevas y no siempre plenamente justificables. Según don Marco Fidel Suárez “los micos de las leyes desvirtúan la mente o el objeto patriótico de los proyectos, alteran su unidad y abren al fisco una serie indefinida de surtidores”


Ley de los caballos. Se llamó así la ley 61 de 1888 sobre facultades extraordinarias permanentes al jefe del ejecutivo y en desarrollo de la Constitución de 1886. Esta ley fue expedida por una ola de bandolerismo que se desató en ciertas regiones del país, que entre sus excesos de crueldad llegó hasta desjarretar los caballos  que no podían robarse. La denominación fue dada por don Fidel Cano en El Espectador de Medellín.


Leopardos. En la fauna política del país tuvo especial importancia el grupo de jóvenes que hacia 1923 apareció con este nombre, adoptado por ellos mismos, acaso porque en sus sistemas de lucha aspiraban a competir con la fiereza del mamífero carnicero. Aunque de extracción conservadora, se dieron a conocer con un manifiesto sobre organización del bloque nacionalista que dio pretexto a Luciano Pulgar para sendos escritos. Uno de ellos, Augusto Ramírez Moreno, es el autor del libro “Los Leopardos”


Mono de la pila. Existió en varias ciudades colombianas una figura de piedra para sostener el recipiente de agua en una fuente pública. El dicho se refiere a lo inútil de dicha queja, algo así como quejarse ante ciertos funcionarios que no prestan atención como no lo hace la dureza de la piedra de que está esculpido. Una tosca estatua de San Juan Bautista fue mandada a colocar en la plaza mayor en 1582 por el oidor don Alonso Pérez de Salazar, a la cual el pueblo llamó “el mono de la pila”. En 1846 para erigir la estatua del libertador se trasladó la pila con su mono a la plazuela de San Carlos y en 1890, nuevamente desplazada, fue llevada al Museo Nacional. El mono aquel no era un mono de cuatro patas.