Columnistas

Sin moral
Autor: Dario Ruiz G髆ez
19 de Noviembre de 2012


縐na matanza y en nada nos conmueven los cuerpos mutilados de unos campesinos?

¿Una matanza y en nada nos conmueven los cuerpos mutilados de unos campesinos? Acostumbrados a ellas casi como a algo tan cotidiano como las quiebras financieras y la corrupción, podríamos señalar la llamada banalización del mal como la llamó Hannah Arendt, en la cual tiene que ver una justicia incapaz de pronunciarse de inmediato sobre un crimen de lesa humanidad, pero también la indiferencia de los medios de comunicación, incapaces de reflexionar sobre este agravio a la razón humana, ya que el propósito de los violentos es precisamente acostumbrar a la opinión pública a la presencia del mal y convencerla de que si éste existe es a causa de la permisibilidad de quien gobierna, a la ausencia de imaginación moral en los jueces. Siempre, toda sociedad es puesta a prueba por el mal.


En el mundo digital la negación de la verdad va de la mano de la desinformación; un atropello a un ciudadano parece menos importante que una noticia de farándula. El lenguaje neutro despersonaliza una información que ya no es comunicación. La realidad se reduce a lo inmediato, para que no logre ser memoria sino un hecho fugaz. ¿Está nuestra sociedad anestesiada por la violencia? La rebelión contra el mal, la solidaridad, son virtudes de resistencia de los los olvidados por la justicia. Por el contrario, la práctica de la hospitalidad, de la compasión hacia los otros es algo que los seudointelectuales, los grupúsculos sexuales, las minorías étnicas, los izquierdosos,  manipulados por oportunistas, consideran impropias de un emancipado,  de una libertaria. Porque, como señala Sloterdijk, el más importante pensador actual, han terminado por aislarse en su egoísmo de un problema que atañe a todo lo humano y bajo este egoísmo sólo luchan por lo suyo.


No es únicamente el desinterés de las altas clases empresariales para la cuales las matanzas son un problema de “orden público”, sino aquello que arrastra a una sociedad ilustrada a desentenderse de la suerte de sus semejantes. La tarea de la Ética, nos recuerda Rorty, consiste en hacer desaparecer la crueldad y en ensanchar el Nosotros. O sea en oponerse al mal y tender la mano al humillado. Pero ¿de cuál sociedad hablamos en Colombia si el contrato social se rompió hace mucho tiempo? ¿De cuáles territorios si sus habitantes fueron dejados en el abandono? Los católicos hablamos de comunidad, de comunión espiritual, Agamben habla de la Comunidad que vendrá como una reivindicación de los lazos sagrados, y la vida es lo más sagrado que une a los seres humanos sin distingo alguno de clases sociales o de edades, sexo, raza y les confiere la confianza  y la fe que los poderosos y los criminales quieren borrar mediante la crueldad. Comunión, repito, en lo sagrado, gracias a la cual el agredido encuentra en la oración el verdadero consuelo, y los ojos del moribundo saben que en la comunidad no hay olvido.