Editorial

Lecciones de otra masacre
10 de Noviembre de 2012


Inadmisible que tuviera que ocurrir semejante tragedia, para que supiéramos, por boca de autoridades locales y regionales, que en ese municipio hacen fatídica presencia bandas armadas.

Santa Rosa de Osos es uno de los municipios más prósperos del Norte de Antioquia, habitado por gentes laboriosas, dedicadas fundamentalmente a la ganadería de leche y a la producción de lácteos y, últimamente, al desarrollo de cultivos como el tomate de árbol con fines de exportación. Era también, hasta hace poco tiempo, un remanso de paz y un lugar de atracción turística para propios y extraños. Hoy, por desgracia, es centro de atención nacional y mundial por la matanza de diez campesinos, acribillados con armas largas y rematados con una granada de fragmentación por una de las bandas criminales que asolan amplias regiones del país.


Expresamos nuestras condolencias a las familias de las víctimas, invitamos a los santarroseños a ser solidarios y a denunciar a quienes pretenden destruir lo que han construido con su trabajo, generación tras generación, e instamos a las autoridades competentes a ser eficaces y prontas en la investigación que conduzca a la captura y castigo de los autores del múltiple crimen.


La primera lección que se desprende del aleve y cobarde atentado es que ni las autoridades a cualquier nivel, ni las comunidades y sus dirigentes, pueden permitir el florecimiento de manifestaciones de criminalidad y violencia organizada, extrañas a su cotidianidad, sin denunciarlas y enfrentarlas oportunamente. Inadmisible que tuviera que ocurrir semejante tragedia, para que supiéramos, por boca de autoridades locales y regionales, que en ese municipio hacen fatídica presencia bandas armadas como los ‘rastrojos’, los ‘urabeños’, los ‘paisas’ y el frente 36 de las Farc. Como en el de la salud, en el tema de la seguridad también vale aquello de que “es mejor prevenir que curar”. Es cierto que el temor tiende a paralizar la iniciativa de quienes son víctimas del chantaje de los delincuentes, pero los ciudadanos de bien, con el respaldo de las autoridades, tenemos que romper ese círculo vicioso si queremos evitar males mayores.


Se tejen distintas hipótesis sobre los móviles del múltiple asesinato en la finca La España, del corregimiento San Isidro. Se dice que fue en retaliación porque el dueño del predio se negó a pagar la consabida ‘vacuna’. El ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, supone que la masacre podría ser una respuesta de la criminalidad a la captura reciente de un cabecilla de ‘Los Rastrojos’. Y en fin, hay quienes piensan, entre ellos el gobernador Sergio Fajardo, que se trataría de una manifestación más de la disputa de bandas por dominar un amplio corredor para el tráfico de drogas y armas y de paso beneficiarse del lucrativo negocio de la extorsión a finqueros y comerciantes.


Sea de ello lo que fuere, creemos que, en el caso particular de Santa Rosa, hay que ir más allá de lamentar lo sucedido y exigir castigo para los criminales. Hay que poner especial atención al fenómeno de la extorsión, que se ha extendido no solo a la zona rural sino también al casco urbano; y a los asesinatos selectivos de mayordomos de fincas, jornaleros y jóvenes de la zona urbana, que ya suman diez casos en los últimos seis meses. Y que la justicia haga lo suyo, pues no hay derecho a quejas como esta: “A mi sobrino lo mataron aquí en el pueblo, en octubre, unos tipos de una banda que ha cometido otros homicidios. El domingo pasado los capturaron y cuando íbamos a reconocerlos salieron con que los habían liberado por errores en la captura”.


Finalmente, un llamado al Congreso para que dé trámite urgente al proyecto -presentado por el senador Juan Lozano, con respaldo del Gobierno- para que no sea solo la Policía la que deba enfrentar a las llamadas ‘bacrim’ sino también el Ejército, la Armada Nacional y la Fuerza Aérea. Es imperativo unir toda la capacidad operativa y de inteligencia de las FF.AA. para derrotar a ‘urabeños’, ‘rastrojos’, ‘paisas’, que así como se disputan entre ellos negocios y territorios, también se alían en todas partes con Farc y Eln para repartirse los réditos.