Columnistas

Santa Marta, hermosa y dolorosa (2)
Autor: Álvaro González Uribe
10 de Noviembre de 2012


Santa Marta tiene cerca de 460.000 habitantes y un territorio inmenso que va desde el mar hasta las nieves perpetuas (sus alcaldes son de los pocos del mundo que gobiernan al tiempo y siempre sobre mar y nieve).

Santa Marta tiene cerca de 460.000 habitantes y un territorio inmenso que va desde el mar hasta las nieves perpetuas (sus alcaldes son de los pocos del mundo que gobiernan al tiempo y siempre sobre mar y nieve). Por eso sus problemas tienen ciertas particularidades y se reflejen con más dramatismo en la zona urbana donde reside mayor cantidad de gente. Problemas de ciudad grande en una ciudad intermedia con una vasta extensión rural y de suma importancia geoestratégica militar, económica y ambiental.


Entre sus problemas algunos sobresalen, entrelazados por causa-efecto-causa: pobreza; precarios vínculos laborales; desempleo; frágil institucionalidad; una clase dirigente fracturada que se odia y ataca con expresiones públicas virulentas; ciudad altamente receptora de desplazamiento; malos servicios públicos; una sociedad pesimista, desesperanzada, conformista y con poco sentido de pertenencia; educación de muy bajo nivel; en fin, se podrían enumerar más problemas como también ventajas que las hay, y muchas.


Sin embargo, si se miran esos problemas, el lector podrá darse cuenta de que tampoco son diferentes a los del resto de ciudades de Colombia, si bien es cierto algunos se presentan en mayor intensidad y otros en menor en diversos momentos, como sucede con todas las ciudades.


Hoy en la ciudad y sus alrededores, incluyendo el municipio de Ciénaga y algunos cercanos, se libran a la par varias batallas entre bandas criminales por el botín de las rutas del narcotráfico y de las extorsiones, a lo cual se suma el accionar de dichas bandas contra los ciudadanos, principalmente extorsiones y microextorsiones que vienen desde hace muchos años.


Al despertar del actual año 2012, todos recuerdan el paro armado promovido por los ‘urabeños’ en la región Caribe, que tuvo más intensidad en varios municipios de Córdoba y Sucre y en Santa Marta, territorios donde mayor incidencia ha tenido dicha banda. Las alarmas se prendieron y a Santa Marta asistieron el Presidente de la República con altos funcionarios. Hicieron balsámica presencia y, además de los discursos de rigor, se adoptaron las medidas de siempre: incremento de fuerza pública y el anuncio de mayor seguimiento al problema.


La presencia se notó y algunas medidas permanecieron, sin embargo, la situación actual no deja dudas de que, o se bajó la guardia, o se fortaleció la delincuencia, o se trató de medidas inadecuadas o insuficientes. Pienso que un poco de todas.


Por ejemplo, está claro, como en todo el país, que capturando al “jefe máximo” (así pasó hace un mes con alias “Belisario” quien se dice ordenó el paro de enero en Santa Marta), no pasa nada; y advierto: no digo que no haya que hacerlo, simplemente es una acción que aún está lejos de ser decisiva como lo expresan de buena fe las autoridades. Jefes se hacen y vienen de todas partes.


Por tanto, las medidas anunciadas hace dos semanas por el Ministro de Defensa luego del lanzamiento de la granada que dejó tres muertos, hay que analizarlas con cuidado.


El incremento de la fuerza pública hoy es una necesidad, pero ello debe venir acompañado de estrategias que nazcan de un conocimiento del problema regional y local, y de su comunión y articulación con el nacional, como debe ser en todo el país. Las nuevas Fuerzas de Control Urbano (Fucur) de la Policía, las acciones de los Gaulas con oficinas en sitios críticos de hechos de violencia, y el incremento del personal de inteligencia anunciados por el Ministro pueden ser una gran ayuda, siempre y cuando actúen con esas estrategias.


Sin embargo, al menos por ahora, no se ve que así lo puedan hacer, pues son una reacción inmediata ante un hecho, lo cual es bien diferente a una estrategia estudiada y concebida con el detenimiento que se merece. (Próximo sábado 3ª y última entrega).