Columnistas

Todos caben
Autor: Luis Ignacio Guzmán
9 de Noviembre de 2012


Nuestra Patria es tan grande y magnánima que tiene los espacios más amplios para que sus hijos -así sean pródigos-, se abracen con todos sus ideales, pero despojados de violencia.

Nuestra Patria es tan grande y magnánima que tiene los espacios más amplios para que sus hijos -así sean pródigos-, se abracen con todos sus ideales, pero despojados de violencia.


Cada día asimilamos mejor las posibilidades de un acuerdo de paz a partir de las mesas de diálogo que se iniciarán en La Habana. Vemos la firme decisión del gobierno Santos de cumplir, como representante del Estado colombiano, los términos del acuerdo consignado por los delegatarios de los irregulares y la institucionalidad. De igual forma se ve el calentamiento de motores con discursos archivados pero siempre vigentes en su ideario fariano, que terminarán aterrizando en el pragmatismo de este siglo, convocando a renovar ideas y formas de lucha, desde los escenarios democráticos -sin terrorismo-, ¿será que reflexionan por los actos perpetrados en el día de los niños, cometidos por sus demenciales ejecutores y de una vez por todas practican aquello de no afectar a la población civil? Colombia lo reclama.


Nos parece conveniente que el cese al fuego solo sea cuando se firme la paz, para que no nos engañemos en medio de las festividades, ni los irregulares lo utilicen para fortalecer los ejércitos terroristas con más minas quiebras patas, provenientes de los apoyos ideológicos insensatos de patrocinadores de los “débiles” en el extranjero, consumidores de drogas o socios del negocio.


¿Qué pensaran los acompañantes de Noruega, Cuba, Venezuela, Chile y Brasil entre otros, de la muerte y el desmembramiento de niños inocentes en un día de disfraces, soñadores como ellos de una paz en nuestra querida Colombia? ¿Será que están convencidos de que aquí no existen inocentes y que lo único que hay que proteger es el desplazamiento con todas las garantías de unos jefes guerrilleros que niegan toda responsabilidad en estos y miles de actos terroristas contra la población civil, cometida por sus secuaces? ¿No será que ameritan nuevas acciones judiciales, con responsabilidad a las cúpulas de ciegos frente al desangre de nuestros pueblos?


Que no haya cese al fuego entre sus ejércitos y nuestras fuerzas armadas y de policía, está bien, pero que se les obligue por parte de los garantes a cesar los actos contra la población civil. Es por lo menos lo que más conviene para creer a unos y otros, o que digan de una vez por todas que su accionar ha sido y será contra el pueblo y que temen enfrentar en forma regular a nuestros gloriosos soldados y policías de la Patria.


Colombia está sangrando como una madre adolorida, que mira cómo mueren sus hijos en un conflicto maldito de venganzas, ideas encontradas, intereses ocultos en el corazón de proveedores de armas y consumidores de droga, pero abre los brazos esperando a que sus hijos reflexionen especialmente con los más inocentes, para poner fin a un conflicto que menos mal tiene los límites de la tecnología y de los términos de la Corte Penal Internacional, que debe empezar a expedir órdenes de captura si no llegamos a feliz término en estos diálogos -que no negociación-.