Editorial

Obama por 4 años más
8 de Noviembre de 2012


Una vez más, el pueblo norteamericano demostró su entrañable compromiso con la democracia y salió a votar copiosamente.

En forma contundente y lejos de las predicciones de las firmas encuestadoras que hablaban de un empate, el primer presidente negro en la historia de los Estados Unidos consiguió el voto de confianza de las mayorías populares para dirigir los destinos de ese gran país por otro cuatrienio, derrotando a un digno y carismático contendor, el ex gobernador republicano de Massachusetts, Mitt Romney.


Una vez más, el pueblo norteamericano demostró su entrañable compromiso con la democracia y salió a votar copiosamente, pese a la ola de frío y la amenaza de un nuevo huracán en la costa Este, y a que apenas se repone del reciente paso devastador del “Sandy”, que dejó miles de familias sin vivienda o con esta gravemente averiada, caos en el transporte, cortes en el fluido eléctrico y daños en la infraestructura y otros servicios. Como lo reconoció Obama en su discurso de la victoria, en Nueva Jersey y Nueva York, y en los demás estados afectados por “Sandy”, partidos, gobiernos y dirigentes de toda condición, “se olvidaron de sus diferencias” para atender a los damnificados y emprender de inmediato la reconstrucción. No cabe duda de que el liderazgo de Obama y la eficiencia de su equipo de gobierno en la atención de la tragedia, reconocidos por sus opositores, pesaron en los resultados electorales.


El martes, además de la Presidencia, estaban en juego la elección de la totalidad de los miembros (435) de la Cámara de Representantes y la renovación parcial del Senado. Hasta donde se tenía información, los republicanos estaban en camino de conservar su cómoda mayoría en la cámara baja, mientras que los demócratas harían lo propio en el Senado, logrando incluso, en alianza con independientes, algunos escaños nuevos en Massachusetts, Indiana, Misuri, Ohio y Maine. Eso habla bien del sistema de gobierno estadounidense, pues aunque para Obama siga siendo problemático el trámite de sus iniciativas en una cámara dominada por la oposición, ese juego de pesos y contrapesos entre los poderes es necesario y deseable en toda democracia respetable.


Incluso en Colombia hemos sido, por reflejo, beneficiarios de esa controversia entre demócratas y republicanos. En nuestro editorial del pasado 18 de octubre, anotamos que una de las razones por las que veíamos con simpatía la reelección de Obama era su cambio notorio con respecto a nuestro país, pues en los comienzos de su gobierno, se mostró un tanto displicente y, sobre todo, renuente a dar trámite final en el Congreso al TLC suscrito por su antecesor. Después de muchos avatares se dio cuenta de que ese tratado, al igual que otros que recibían varapalos de sus grandes electores sindicales con gran poder de lobby en la Cámara, era bueno para los EE.UU. porque conllevaba la creación de miles de empleos. Parte muy significativa habrán tenido los TLC en la batalla contra el desempleo, que llegó a estar en el 10% y hoy es del 7,8%, y por ende, en que el triunfo del Presidente pudiera ser tan expedito. 


En este punto hay que dar el merecido crédito a un verdadero amigo de Colombia en el Congreso de los EEUU, el representante republicano John Boehner, el más entusiasta y comprometido defensor del TLC. Gracias a él y a un grupo de sus colegas, se pudo vencer la resistencia al interior del Gobierno y de la bancada demócrata, para sacar avante el tratado. Nos alegra que el hoy flamante presidente de la Cámara de Representantes, haya asegurado su merecida reelección.