Columnistas

Los politólogos y la democracia
Autor: David Roll
8 de Noviembre de 2012


Esta semana se celebra en Medellín la primera reunión nacional de carreras de Ciencia Política, organizada por la UPB y Eafit

Esta semana se celebra en  Medellín la primera reunión nacional de carreras de Ciencia Política, organizada por la UPB y Eafit, y no puedo dejar de llamar la atención sobre este hecho porque recuerdo que en 1982, cuando me gradué en el Colegio Benedictino me hicieron un test de aptitud profesional con los lasallistas, en el cual aparecía que yo debía estudiar ciencia política, y nadie sabía qué era eso ni dónde se estudiaba. Al final estudié en la Bolivariana Derecho y Ciencias Políticas, donde los profesores Luis Fernando Álvarez y Javier Tamayo nos dejaron a algunos politólogos de corazón dedicarnos a este tema sin descuidar los jurídicos, y de allí salieron Beatriz Londoño, Mauricio García y Nestor Raúl Correa, y en una segunda camada, orientados por éstos, otro grupo de fanáticos del tema como la hasta hace poco Decana de esa Facultad, Cristina Gómez, y este columnista desconocido. Terminada la carrera ambos debimos irnos a España porque no existía doctorado de Ciencia Política en Colombia, y de hecho cuando regresé con el título a los 29 años  sólo existía una carrera así y tuve la suerte de diseñar y dirigir la segunda en crearse, en la Pontificia Javeriana. Concluido este reto intenté convencer al Vicerrector de la UPB y al Rector de Eafit de que fundaran con o sin mi ayuda carreras de ciencia política en Medellín, pero me dijeron amablemente que ese experimento bogotano era inviable en Medellín o en cualquier otro lugar de Colombia. Me resigné entonces a ayudar a fundar una tercera carrera en Bogotá, en la Universidad del Rosario, y a trabajar luego en la primera de todas, la de Los Andes, para luego pasar a trabajar exclusivamente en la carrera de Ciencia Política de la Nacional de Bogotá.


Hoy asisto a esta reunión de politólogos con asombro y agrado, porque es convocada por carreras de ciencia política de Medellín, donde también la Universidad Nacional tiene un muy buen programa, y sobre todo porque existe un total de casi 30 programas de ciencia política de pregrado en Colombia, y lo que es más importante, porque estos politólogos tienen una presencia real en las esferas públicas, privadas e internacionales, lo cual era impensable hasta por los que éramos más optimistas en aquellos tiempos de escepticismo sobre esta opción profesional. Es muy agradable comprobar que  hoy en día encuentro exalumnos que son Decanos de Ciencia Política, miembros de las corporaciones públicas de elección popular y sobre todo excelentes gestores en toda la red de la administración del Estado. Ya desde 1995 convoqué la primera reunión de directores de carreras de ciencia política y en ella los cinco de entonces veíamos con preocupación como emplear a estos nuevos profesionales, sin adivinar que en menos de 20 años serían miles los estudiantes y egresados de ciencia política. Luego me dediqué a ir comparando año tras año los contenidos de las diferentes carreras y a entrevistar a los profesores y concluí que sin concertarlo hubo por lo menos hasta 2005 una gran coincidencia en programas, objetivos, dinámicas y resultados. Ahora con  el grupo de investigación de partidos de la Universidad Nacional (www.unpartidoscolombia.com) estamos haciendo un rastreo de la proyección laboral que están teniendo estos politólogos, y una conclusión preliminar es que aunque con poca estabilidad los politólogos egresados en general están obteniendo campo de acción para su ejercicio profesional en el Estado, las organizaciones no gubernamentales, las organizaciones internacionales, la academia, los partidos, la empresa privada y sobre todo en el Estado. Concluida esta investigación esperamos poder comprobar la hipótesis inicial de que este “ejército” de politólogos es fundamental en el propósito de modernizar el Estado, como se lo propusieron los Constituyentes en 1991. Aunque también se necesitan abogados, historiadores, administradores públicos y de muchas otras profesiones, el politólogo está en particular orientado a este propósito fundamental de la democracia colombiana, el de convertir en hechos lo que dice en letras la Constitución de 1991. El siguiente paso, y para eso en parte la reunión en Medellín, a la que he sido amablemente invitado, es convencer a estos nuevos profesionales de ese importante cometido, que  adquieran conciencia de la importancia de su papel y abandonen una cierta actitud en exceso modesta por estudiar una carrera poco conocida entre la ciudadanía. Pero sobre todo la reunión deberá servir para que todos los programas unan sus fuerzas en el objetivo de abrir nuevos espacios en la legislación para este ejercicio y hacer un trabajo de concientización de la sociedad y los empleadores públicos y privados en el sentido de que Colombia debe aprovechar este crecimiento inesperado de los programas para su modernización política en lugar de darle la espalda por ser una profesión no tradicional. Por último debo señalar que apoyaré la propuesta de la Asociación Colombiana de Politólogos de rechazar la aprobación de una ley que está intentando regular la profesión, incluida una tarjeta profesional innecesaria, por el hecho de no haberse hecho con la participación de los politólogos y carreras de ciencia política del país, y porque su texto inicial es muy inconveniente para la profesión y para ese objetivo modernizador.


*Profesor Universidad Nacional