Columnistas

Plaza Sésamo
Autor: Manuel Manrique Castro
7 de Noviembre de 2012


Cuando empezó hace 40 años, sus iniciadores no tenían idea hasta dónde llegaría su creación ni cuantos niños y familias del mundo entero recibirían el aire fresco de su contenido alegre, entretenido y formador.

Cuando empezó hace  40 años, sus iniciadores no tenían  idea hasta dónde llegaría su creación ni cuantos niños y familias del mundo entero recibirían el aire fresco de su contenido alegre, entretenido y formador. Quienes la pensaron, siendo testigos del poder y alcance de la televisión, imaginaron también que Plaza Sésamo podría ser un vehículo eficaz para reducir el rezago con que los niños,  especialmente de familias afrodescendientes de Estados Unidos, llegaban a la escuela primaria y a continuación fracasaban.


Tres fórmulas poderosas, adecuadamente combinadas, dieron sustento a la serie: un curriculo educativo acorde con las necesidades de niñas y niños entre tres y seis años de edad, la combinación de varios formatos televisivos capaces de estimular la imaginación y el  interés volatil propio de aquellos primeros años y un riguroso y constante trabajo de investigación, desde el inicio de la producción hasta su impacto entre la precoz teleaudiencia. 


Una de las principales novedades estuvo en la ágil amalgama resultante que los recursos televisivos permitían: marionetas coloridas con definidas razones de ser y una vivacidad sin par, documentales, dibujos animados y  seres humanos, significativos para los niños pequeños interactuando en una plaza ficticia que, desafortunadamente, es cada vez menos parte de nuestra realidad actual. 


Desde sus inicios Plaza Sésamo promovió que también los padres vieran el programa  con sus hijos porque unos y otros resultaban ganando.  Si hace cuatro décadas la televisión era ya una herramienta potente, hoy lo es mucho más con el vertiginoso desarrollo y diversificación tecnológica circundante que abre, a su vez, nuevas opciones para la serie y sus personajes.


Plaza Sesamo tiene más de 30 versiones que se transmiten en 150 países del mundo incluyendo, todos los latinoamericanos y caribeños. La primera versión en español se hizo en México en 1972 y desde su inicio la preocupación por darle pertinencia cultural para un mosaico regional tan diverso como el nuestro,  estuvo presente. 


Hace 40 años lejos estábamos de la comprensión que tenemos hoy día acerca de la importancia crítica de la primera infancia y menos aún el Estado de su papel en esta etapa de la vida.  Cuando más los ministerios de educación hacían lo que podían en educación inicial y buena parte parte de la cobertura provenía de la oferta privada.  El resto estaba concentrado en evitar la muerte, la enferdad, la desnutrición o promover el cuidado infantil, como sucedió con los hogares comuntarios.


Los tiempos han cambiado y ahora la mayoría de países de la región quiere remontar ese rezago por medio de políticas públicas y programas que brinden a las generaciones actuales lo que las anteriores no alcanzaron a tener:  el desarrollo pleno de su potencial humano desde el inicio de la vida.  En Colombia, De Cero a Siempre es la estrategia por medio de la cual se quiere impulsar el cuidado y la atención integral y Buen Comienzo, el programa de Medellín, tiene 8 años de estar haciendo esfuerzos en esa línea.  La ex presidenta Bachelet dejó a su país la herencia de Chile Crece Contigo y Brasil viene haciendo la tarea hace varios años.


Sin que nadie se lo propusiera, al cabo de los años, han confluido el ancho y largo cauce de Plaza Sésamo con el de esfuerzos nacionales que, estando encabezados por el Estado, no se restringen a él y entusiasman también a familias de todos los niveles sociales,  empresarios y organizaciones de la sociedad civil, convencidos de que la auténtica construcción de ciudadanía y la garantía de un mejor país empieza en esa decisiva etapa inicial.