Columnistas

La capital diplomática del África
Autor: Carlos Cadena Gaitán
5 de Noviembre de 2012


Si usted se para al frente de un buen mapamundi, se dará cuenta de que Etiopía está ubicada en una latitud muy similar a la de Colombia; ambos enclavados en la zona intertropical.

Si usted se para al frente de un buen mapamundi, se dará cuenta de que Etiopía está ubicada en una latitud muy similar a la de Colombia; ambos enclavados en la zona intertropical.


Siendo el vigésimo sexto país más grande del mundo, esta nación africana tiene casi el mismo tamaño de nuestro país. Afortunadamente para ellos, una gran parte de su territorio comprende el alto macizo Etíope; un sistema montañoso con elevaciones entre los 1.500 y los 3.000 metros sobre el nivel del mar y terrenos fértiles. Esto explica que algunos de sus más importantes productos sean el café, los fríjoles y la caña de azúcar. Si todavía no le causa suficiente curiosidad, ahí va otro dato: su capital, Adís Abeba, se encuentra a una altitud de 2.400 metros sobre el nivel del mar (muy similar a Bogotá, que se ubica ‘2.600 metros más cerca de las estrellas’).


Apenas se llega a Adís, el visitante encuentra un caos urbano de grandes proporciones. Aunque es una ciudad de 4 millones de habitantes, todavía no hay buen servicio de transporte colectivo. Las dos únicas opciones reales de movilidad para el turista, son el taxi colectivo y el taxi particular. El primero, se refiere a microbuses destartalados que van recogiendo pasajeros a lo largo de ciertas rutas cortas. El segundo, se refiere a pequeños carros antiguos que manifiestan aún peores condiciones mecánicas, pero que cobran un promedio de 4.500 % más de tarifa para cubrir la misma distancia, eso sí, sin compartir con otros pasajeros. Sobra decir que las nubes negras de contaminación emitidas por estos dos modos de transporte tienen altos impactos negativos sobre la calidad de vida urbana.


Sin embargo, esto no es necesariamente malo. La alta densidad de taxis y microbuses refleja la precaria motorización individual de Etiopía. Con solo tres carros por cada mil habitantes en el país, y un carro por cada 25 personas en la capital, Etiopía mantiene el viaje a pie como su mayor modo de transporte urbano; casi la mitad de todos los viajes en Adís Abeba se hacen caminando. Es más, aunque parezca increíble, durante mis siete días allí solo conté tres motos. Este atraso relativo es una enorme oportunidad para promover alternativas de movilidad sostenible (bicicleta, transporte colectivo limpio, moderno y seguro) antes que los genios del mercadeo automotriz se tomen el país.


Infortunadamente, son los extranjeros quienes promueven la falsa idea del carro y la infraestructura vial como símbolos de desarrollo. Ya que Adís es la capital diplomática del África, en ella se concentran varias dependencias de Naciones Unidas, hay cientos de representantes de las agencias occidentales que insisten en decirle al mundo cómo lograr su “desarrollo” (Banco Mundial, Usaid, etc.), y son miles los representantes temporales ante la Unión Africana, enclavada en un colosal edificio modernista construido (y regalado) por el Gobierno chino. Estos funcionarios extranjeros se movilizan, sin excepción, en grandes carros último modelo por la capital, e insisten en construir monstruosos intercambios viales cuyas imágenes terminan impresas -con orgullo- en las portadas de los libros de turismo locales.


La capital de Etiopía sufre la misma enfermedad urbana de muchos países en vías de desarrollo. Aunque las tristes lecciones en planeación de transporte de las ciudades norteamericanas comprueban que un modelo dependiente del carro es anacrónico, seguimos prefiriendo ciudades motorizadas antes que ciudades humanas, en nombre de ese concepto de “desarrollo” que otros definieron por nosotros.
***
Dos reconocimientos: (1) Al director del Área Metropolitana y a su subdirector de Movilidad, por irse en bicicleta para el trabajo durante el Día EnCicla del pasado miércoles; eso es liderar con el ejemplo. (2) A los organizadores y participantes de la ‘Fiesta de la Bici’; en la noche del miércoles pasado fueron aproximadamente 6.000 ciclistas, que se tomaron pacíficamente las calles de la única ciudad colombiana que borra ciclo-rutas.