Columnistas

Los Posada: Unidad mental y musical
Autor: Olga Elena Mattei
3 de Noviembre de 2012


Alejandro Posada en el podio, la Filarmónica en el escenario, Sergio Posada al piano, y Beethoven en la partitura…(aunque la partitura no esté en el atril del pianista, porque éste toca de memoria),el Concierto No.1 del sordo dueño y genio del sonido

Alejandro Posada en el podio, la Filarmónica en el escenario, Sergio Posada al piano, y Beethoven en la partitura…(aunque la partitura no esté en el atril del pianista, porque éste toca de memoria), el Concierto No.1 del sordo dueño y genio del sonido.


Desde el comienzo se hace notorio el énfasis y la energía de los principales protagonistas, el director y el solista. En las primeras frases del piano, Posada impone su propio tempo y el acento de su ritmo. La Orquesta se adapta de inmediato. La larga cadenza está abordada con un staccato que da oportunidad a la sonoridad especial del nuevo piano, (que en los registros más altos tiene timbre de porcelana). Alternan el detalle preciosista y delicado y el vigor. Los trinos y los arpegios de Posada son perfectos en el balance digital. La Orquesta retoma su turno con una unidad amalgamada como una sola poderosa voz.


En el segundo movimiento, Largo, Posada canta con dulzura las melodías prerrománticas del sensible compositor. Ahora el diálogo con la Orquesta está marcado por un ritmo acentuado que director, solista, cuerdas y vientos parecen bailar al unísono. Los dos hermanos proceden amarrados por gestos y miradas en una sincronía perfecta. En el tercer movimiento el solista vuelve a establecer su tempo crispado y vivaz. (Y surge ese pasaje que yo siempre pienso que tomaron un siglo después para componer una zamba). Sigue una cadenza mínima que más parece un solo. Posada goza de absoluta absorción interpretativa, que se vale de la maestría para una ejecución al mismo tiempo cerebral y emotiva  y por añadidura, automatizada por el estudio infinito . La Coda es apoteósica. En el fínale notamos un toque personalizante en el ritmo del fraseo del pasaje principal.


Los aplausos entusiastas tuvieron un elemento emotivo pues ante las venias simultáneas de los dos hermanos, el público de Medellín, compuesto por amigos, se sintió como una familia .Pensé en la emoción de los padres, presentes en el teatro.


Posada nos entrega como Encore un Bambuco y una Danza de Adolfo Mejía,  ejecutados con la expresión romántica adecuada. Y luego, ¡un estreno para la ciudad!  La sinfonía No. 2 de Rachmáninov. Las sinfonías del famoso compositor de los más hermosos conciertos para piano, no se divulgaron ampliamente en el siglo XX… por falta de estudio de los grandes directores de esas décadas y por falla de los editores de música y de las casas discográficas. Desde hace dos décadas empezaron a circular estas obras maestras. Para el público de Medellín es un regalo esta oportunidad escuchar presencialmente una de estas sinfonías. La segunda, que por cierto es la que trae el más hermoso de los adagios en su abra sinfónica.


Alejandro Posada la dirige con euforia. Sus gestos amplios invitan a la expresión abierta, exultante. Y sus exigencias son directas y específicas, infalibles las entradas. Y las dulces frases del adagio, especialmente en el clarinete y luego en las cuerdas, producen una ternura virtual que uno quisiera asumir vivencial y circunstancialmente: en otras palabras, vivirla en su intimidad de la vida real. Quiero recordarle al lector que la maestría de un director de orquesta, además de la dirección de las obras frente al público, está en su previa preparación durante los ensayos. Y Alejandro Posada ha demostrado una y otra vez su excelencia dirigiendo las obras de mayor envergadura, desde  Smetana, (Mi País), a Stravinsky (su Consagración de la Primavera y su Pájaro de Fuego), pasando por Berlioz (Sinfonía Fantástica), Vida de Héroe, y Don Quixote, de Strauss, Los Planetas de Holtz, Concierto para Orquesta, de Bartók, y muchas otras.


¡“Habemus Director, habemus Orquesta!”