Columnistas

Poveda ante el rezago matemático
Autor: José Alvear Sanin
31 de Octubre de 2012


Gabriel Poveda Ramos sobresale como ingeniero, economista, estadígrafo e investigador. Como matemático es poco conocido del público, porque el ámbito de la “reina de las ciencias” es bien estrecho en Colombia.

Gabriel Poveda Ramos sobresale como ingeniero, economista, estadígrafo e investigador. Como matemático es poco conocido del público, porque el ámbito de la “reina de las ciencias” es bien estrecho en Colombia.


Precisamente como matemático acaba de sumar a su extensa obra otro libro excelente, “Historia de las Matemáticas en Colombia”. Sus credenciales en ese campo, con especial modestia, las esconde en las últimas cuatro páginas, después de la bibliografía, donde consigna la impresionante relación de sus escritos y descubrimientos matemáticos.


Para la segunda edición, el autor debe ubicar esas cuatro páginas a manera de introducción, porque el lector que no lo conozca va a encontrar abundantes afirmaciones tan duras como acertadas.


En algún lugar, Poveda señala que los tres matemáticos importantes que han vivido en nuestro país son Julio Garavito, Carlos Federichi y Álvaro López Toro, por sus aportes científicos originales. Desde luego, a esa lista tan reducida considero que con iguales o superiores méritos hay que añadir al doctor Poveda Ramos.


Las cifras de apenas cuatro matemáticos destacados en 200 años de vida independiente nos debe llevar a una reflexión muy pesimista sobre el sistema educativo. No voy, por tanto, a ocuparme del libro en sí, que es excelente y trata detenidamente el desenvolvimiento de la enseñanza de la matemática en Colombia. Su lectura me conduce más bien a considerar aspectos básicos para el desarrollo del país.


Gabriel Poveda ha escrito varios autorizados libros sobre ese tema. Pero en este, sin estridencia, ha diagnosticado magistralmente la patología que nos condena inexorablemente a un desarrollo inferior muchas veces a nuestro potencial.


Si en las comparaciones internacionales, los estudiantes colombianos ocupan habitualmente uno de los últimos puestos en matemáticas, algo debe ocurrir en la formación del respectivo profesorado.


En numerosas páginas del libro, Poveda denuncia cómo los avances matemáticos del siglo XIX eran ignorados por los profesores colombianos hacia 1920. Luego, a mediados del siglo XX, aquí se desconocían “(…) conjuntos, topología, dimensión, álgebra abstracta, espacio vectorial, octogonalidad de funciones (…); y en la página 202 opina sobre la ignorancia sobre la cibernética, la teoría de la información y la programación lineal, entre otras disciplinas novedosas a finales del pasado siglo, en la mayoría de las profesores de ingeniería.


Al parecer, sin exageración, acostumbramos, con honrosas excepciones, mantener 50 años de retraso en la preparación de los ingenieros, y todavía mayor en la de los docentes de matemáticas en los demás niveles. Es desoladora esta conclusión: “Aún hoy predomina la pedagogía dogmática; el uso de experimentos sigue estando vetado; los currículum rehúyen el contacto con otras ciencias, aunque sean afines (…) el predominio de la calculadora de bolsillo y del computador ha sido un cambio importante en lo instrumental, pero no en los niveles académicos (…)” p. 245.


En fin, una voz de alerta sobre el rezago matemático (la expresión es de Poveda), que perpetúa el atraso científico y tecnológico del país.


Por este libro, que enriquece el fondo editorial de Unaula, congratulo al rector, José Rodrigo Flórez, y a Jairo Osorio Gómez y Ana Agudelo de Marín, que han dirigido la bella edición que merecía obra tan considerable.