Columnistas

A cualquier precio
Autor: Pedro Juan Gonz醠ez Carvajal
30 de Octubre de 2012


Tratando de seguir los consejos de Voltaire en cuanto a la necesidad de hacer v韛ido el concepto de tolerancia

Tratando de seguir los consejos de Voltaire en cuanto a la necesidad de hacer vívido el concepto de tolerancia, considero que es importante que en estas épocas de conversaciones sobre una posible negociación de paz entre los dos principales actores del conflicto, el Estado y las Farc, sabiendo que también existen, entre otros varios, el Eln, los narcotraficantes, las ‘bacrim’, etc., se apacigüen los espíritus y entendamos que cuando ninguna de las partes en conflicto puede ganar, militarmente hablando, pues se hace necesario negociar, y el negociar parte del principio de que las partes involucradas en algo tendrán que ceder con respecto a su pretensiones y, por qué no, con respecto a sus principios (?).


Algunos se han escandalizado porque supuestamente se va a negociar a “cualquier precio”. Yo preguntaría, ¿cuál es entonces el precio y quién lo fija? ¿El precio lo ponen quienes han construido a través de la historia una sociedad inequitativa y pobre, gracias a los privilegios obtenidos y defendidos por unos pocos? ¿El precio lo definen los desposeídos y relegados que ni siquiera han tenido acceso a un buen sistema de educación, y por lo tanto les es difícil convertirse en interlocutores ilustrados? ¿El precio lo sugieren actores externos de buena o mala voluntad, que como tradicionalmente ha sido, tratan de pescar en río revuelto? ¡Para eso es precisamente una mesa de negociación!


¿Que los temas que se exponen pareciera que son de hace más de 50 años? ¡Pues claro! Deben estar ahí, porque a la fecha, no hemos sido capaces de resolverlos. Y no hemos sido capaces de resolverlos porque entre otros tantos aspectos, estamos distrayendo ingentes recursos para la guerra y no para el desarrollo en todos los frentes.


Partiendo del principio de la buena fe, al observar a los humanos de ambos bandos que conforman la mesa de negociación, nos damos cuenta que allí estamos representados por personas cincuentonas y sesentonas que han vivido en carne propia este nefasto período, y que como todos los ciudadanos más o menos conscientes, deben estar “mamados” con el asunto.


En esta hora trascendental, la paciencia, la templanza, el discernimiento y la fortaleza de espíritu deben estar presentes y acompañarnos a todos.


Ojalá los medios de comunicación no se tiren en “la batica de cuadros”, como ya se comienza a vislumbrar, y no conviertan este asunto tan serio, en otro importante tema de farándula.


Por otro lado, impresionante muestra de civilidad y modernidad nos está dando Uruguay con el tratamiento legal dado al tema del aborto.


Una sugerencia respetuosa a Empresas Varias de Medellín y los horarios asignados para recoger la basura en algunos lugares del centro de la ciudad. Entre las 10 a.m. y las 2 p.m., la basura debe estar ya recogida para evitar desaseo, malos olores e incomodidad, y además, porque a esas horas la recolección genera grandes trancones en nuestras estrechas vías.


A los 40 años de haber sido exitoso, se presenta en la ciudad, Nicola Di Bari. ¡Más vale tarde que nunca!


Una idea “loca” para quienes planifican el desarrollo urbano de la ciudad: Si tanto lamentamos la desaparición del antiguo Teatro Junín, y obviamente ante la verificación de la existencia de sus planos arquitectónicos en Planeación Municipal, y ante la abundancia y variedad de materiales, ¿por qué no realizar de nuevo su construcción en un espacio físico que requiera de un detonante estratégico para su desarrollo? De ser posible, la idea de hacer lo mismo con el añorado Teatro Bolívar, podría ser una realidad.


En estos momentos de inquietud e incertidumbre recordemos a Ayn Rand: “Cuando advierta que para producir necesita autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino, por el contrario son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un auto-sacrificio, entonces podrá, afirmar sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada”. 


Por último, recordemos a Francis Bacon cuando sentencia: “Quien no quiere pensar, es un fanático. Quien no puede pensar es un idiota. Quien no osa pensar es un cobarde”.