Columnistas

La encrucijada de la U y el uribismo
Autor: Alfonso Monsalve Sol髍zano
28 de Octubre de 2012


En el d韆 de hoy se lleva a cabo la asamblea del Partido Social de Unidad Nacional, Partido U, en condiciones especiales dictadas por los m醩 de dos a駉s del gobierno de Santos.

En el día de hoy se lleva a cabo la asamblea del Partido Social de Unidad Nacional, Partido U, en condiciones especiales dictadas por los más de dos años del gobierno de Santos.


Todos sabemos que el Partido de la U se llama así porque es la formación política partidista que recogía el cuerpo de doctrina de Álvaro Uribe, que se encarnaron en la doctrina de la seguridad democrática, la confianza inversionista, la cohesión social y esa forma innovadora de tejer confianza con la gente del común, mediante una comunicación directa con los ciudadanos, que buscaba conocer y encontrar soluciones a los problemas de la gente, mediante los Consejos Comunitarios, cuya práctica ha sido el mayor ejercicio de democracia participativa en el marco de la Constitución y las leyes de un Estado de democracia representativa en Colombia. Sus tres grandes políticas y contacto directo con el pueblo hizo de Uribe uno de los líderes más carismáticos en la historia del país.


La política de seguridad democrática, que combatió a las narcoguerrillas y a los narcoparamilitares, llevó al control estatal de prácticamente todo el territorio nacional, creando la certeza entre los ciudadanos  de que estas dos amenazas podían ser derrotadas, sometiendo a los grupos paramilitares y  poniendo fin a la creencia, cultivada por la añeja dirigencia nacional, de la invencibilidad de la guerrilla, con la cual había que negociar a toda costa. Quedó claro para el país que la agenda nacional se discutía con el pueblo dentro de la institucionalidad y no con una ínfima minoría armada, degradada por el terrorismo, el narcotráfico y los crímenes de lesa humanidad, con la cual lo único que debería acordarse era sus condiciones de entrega.


Santos fue uno de los más grandes defensores de las tesis de Uribe, y como ministro de la Defensa, el encargado, en la segunda etapa del gobierno de Uribe, de aplicar la política de seguridad democrática, sin que hiciese público ningún reparo contra ella, y por el contrario, fuera  su principal defensor. Cerrada la posibilidad de la segunda reelección de Uribe, Santos se convirtió en el candidato el Partido de Uribe con el compromiso de continuar con su tarea en el campo de la seguridad, y en general, de la doctrina uribista.


Como presidente renegó de las ideas por las que fue elegido y dio la espalda a quienes lo llevaron al solio de Bolívar con los votos de Uribe. Pactó en secreto con las Farc un ‘proceso de negociación’ que burla sus compromisos electorales, aliándose con el enemigo con el que acuerda impunidad y discutirá la agenda nacional, y al que abrió el camino del poder. Todo con una estrategia nunca vista de control de muchos medios de comunicación, a los que no cierra sino entrega pauta publicitaria, pidiéndoles a cambio irrestricto apoyo a su ‘negociación’ y la expulsión de los escritores uribistas.  Así horada la libertad de prensa en Colombia, como sus compadres Chávez y Correa. Y con la mermelada presupuestal controla a los parlamentarios de la U, gamonales sin principios, con honrosas excepciones, y a través de ellos a la dirección de éste. Muchos piensan que ese ya no es el Partido de Uribe sino de Santos.


La base de la U es uribista, como se ha podido constatar a lo largo y ancho del país, y el ex presidente podría rescatarla para sus propuestas. El problema es que el aparato político está en manos de los varones electorales que controlan piramidalmente a muchos diputados y concejales.  Pero esta base es voto de opinión, que castigaría el engaño.


Ahora bien, una  declaración de la Asamblea apoyando el ‘proceso’ de Santos, pondría al ex presidente Uribe en dificultades, pues no podría pertenecer al partido que reniega de sus ideas y que como bancada tiene que votar por lo que diga su dirección. Esto abre posibilidades, por ejemplo, para crear un nuevo partido uribista que recoja sus bases y su doctrina y que sea una fuerza determinante en el Congreso y pueda llegar en coalición a la Presidencia en 2014. Claro que la campaña todavía está lejos y tendrá tiempo de sopesar esta estrategia y otras que estime conveniente. Pero lo que decida tendrá enormes consecuencias para Colombia.