Columnistas

Un tropiezo esclarecedor
Autor: Jaime A. Fajardo Landaeta
26 de Octubre de 2012


Es entendible que los negociadores de las Farc aprovecharan para enviar un mensaje a unas bases que han sido cultivadas con la promesa del triunfo insurreccional.

Es como si hubiese caído un balde de agua de la gélida Oslo sobre muchos colombianos que guardaban la esperanza de que el proceso de paz se consolidara de una vez, en esa ciudad. Todo por cuenta de la intervención de Iván Márquez, en nombre de las Farc, al formular su posición en las negociaciones.


Sin referirse a los temas de la agenda, las Farc se mostraron petrificadas en el tiempo. Es claro que para que llegaran a la mesa de negociaciones no se exigía que renunciaran a sus postulados políticos, sino que reconocieran con seriedad que su proyecto es inviable por la vía de las armas. Además, que aludieran al temario acordado y en ese contexto señalaran qué derrotero podíamos esperar.


Aunque mirando con más cautela, creo que la importancia de lo sucedido radica en la reafirmación de que este proceso requiere más polo a tierra. Con la actitud de las Farc es evidente que los representantes del gobierno deben hacer derroche de una gran capacidad para encarrilar la agenda, mientras que la comunidad internacional deberá ejercer presión para que la contraparte “aterrice”.


Es entendible que los negociadores de las Farc aprovecharan para enviar un mensaje a unas bases que han sido cultivadas con la promesa del triunfo insurreccional. Lo que nos demuestra también que hubo otros factores que jugaron decididamente en la construcción de la agenda en la primera fase de exploración, y que de pronto ahora se necesita de nuevo su intervención.


La pretensión no es negociar el ideario político de la guerrilla. Es más, si se desmoviliza, muchos sectores sociales le apostarían a su proyecto. Pero es preciso acordar los términos en los cuales se debe poner fin al conflicto armado, gestión que requiere más sinceridad de su parte, y hacer gala de mucha pericia en las próximas rondas.


Ahora bien, es inútil alegar que el problema es de tiempo o de complejidad del proceso; resulta más productivo señalar sin ambigüedades cuáles son las iniciativas de cada actor dentro de la agenda, y bajo qué parámetros se avanzaría hacia la desarticulación de la fuerza armada y hacia su conversión en un proyecto alternativo para muchos colombianos.


El gobierno debe sostenerse en los postulados que lo condujeron a la mesa y mantener firme el diseño de la negociación. Las palabras del ex vicepresidente Humberto de la Calle, en respuesta a Márquez, no dejan dudas al respecto.