Columnistas

Reconocimientos
Autor: Pedro Juan González Carvajal
23 de Octubre de 2012


No es fácil construir y mantener la paz. Los intereses de todo tipo e intensidad, hacen que los humanos compitamos los unos contra los otros, donde usualmente la lógica del más fuerte, en todos los sentidos, es la que prevalece.

Cada año por esta época, el Comité Nobel se pronuncia y otorga los respectivos premios en diversas categorías, siendo siempre los más “atractivos” para los ciudadanos del común, el de Literatura y el de Paz.


En los años en los cuales se ha otorgado el Nobel de la Paz, una gran mayoría de ellos han sido entregados a personas y el resto a organizaciones.


Los criterios empleados para designar un ganador deben ser demasiado complejos, pues lo que resulta evidente es que muchas veces, como en el caso presente con la Unión Europea y hace apenas unos años en el caso del Presidente Obama, la sensación que queda es que definitivamente es un peso enorme el que tienen las lógicas política y geopolítica al momento de establecer el ganador y que en gustos no hay disgustos.


No es fácil construir y mantener la paz. Los intereses de todo tipo e intensidad, hacen que los humanos compitamos los unos contra los otros, donde usualmente la lógica del más fuerte, en todos los sentidos, es la que prevalece.


Aparecen de cuando en vez seres superiores que se sobreponen a las adversidades y sin temor, se enfrentan a los poderosos y a los opresores, buscando simplemente el respeto elemental por el otro.


Aparecen también, seres cuyas condiciones privilegiadas les han dado oportunidades especiales, y a pesar de ellas, se preocupan por sus semejantes.


¿Con cuál objetividad juzgar y sopesar a unos o a otros? Delicada misión la de escoger a quien es merecedor de ser reconocido como faro de la esperanza en medio de las vicisitudes en las que vivimos todos.


Ahora bien, los reconocimientos en ciencias tienen un importantísimo valor y es en ellos donde se evidencia la diferencia entre los países desarrollados y los demás.


Los científicos del mundo se encuentran agrupados en un puñado de países, lo que evidencia que en términos de investigación y desarrollo, la concentración de capacidades es aún más intensa que cuando hablamos de la concentración de la riqueza, con las obvias excepciones que presenta cualquier actividad humana.


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Por estos días se han iniciado las conversaciones de paz en nuestro país, alrededor de las cuales se debe tener un atinado optimismo.


Afortunadamente existen algunas condiciones clave que pueden favorecer el hecho, como lo son los triunfos recientes de la Selección Colombiana de fútbol y el reconocimiento al liderazgo del Director Técnico, el cual se refleja en algunas de  las pancartas que se exhibieron en el Estadio Metropolitano de Barranquilla en el último partido contra Paraguay, en las cuales aparecía José Pekerman como todo  un Supermán abriéndose la camisa y mostrando el pecho ante una frase que resume el sentir de casi todo un país: “Peckerman, Presidente”.


Dice Murphy que “Si mantienes la calma cuando todos pierden la cabeza, sin duda es que no has captado la gravedad del problema”.


Por otro lado, no olvidemos al gran Cantinflas, cuando al sentarse en una mesa de juego, expresa: “Jugamos como caballeros, o como lo que somos”.


Finalmente, recordemos a San Francisco de Asís cuando inicia su imponente y a la vez humilde oración, con esta  frase: “Señor, hazme instrumento de tu paz”.