Columnistas

¿Destruir o construir?
Autor: Carlos Cadena Gaitán
22 de Octubre de 2012


La Secretaría de Movilidad tomó la decisión de removerlas, alegando que estas podrían poner en peligro la vida de los usuarios de la vía.


La ciclo-ruta que cientos de voluntarios trazaron en la Avenida de los Industriales el 22 de septiembre ya no existe. Con gran eficiencia, cada una de las líneas de vida amarillas fue sepultada bajo un manto de pintura negra durante la noche del 10 de octubre. 


El evento de señalización había sido una hermosa manifestación ciudadana propositiva. Durante meses, se planearon sistemáticamente todos los detalles en cada una de las seis ciudades donde se desarrolló "Bicis por la vida"; no se quería dejar nada al azar, romper las reglas, ni poner en peligro la vida de los voluntarios o usuarios ex-post. No fue sorpresa entonces, que la sorpresiva remoción de las líneas que se habían pintado con tanto amor, arrancara lágrimas de muchos ciudadanos que -obviamente- ya las habían adoptado como propias.


La Secretaría de Movilidad tomó la decisión de removerlas, alegando que estas podrían poner en peligro la vida de los usuarios de la vía. Aunque ese argumento ha despertado muchas reacciones (precisamente la acción simbólica buscaba hacer un llamado por la protección de la vida de los ciclistas), los colectivos vinculados y activistas urbanos acataron con respeto la decisión de la Secretaría; al final, a la autoridad hay que respetarla y eso no se discute. Así mismo, los comunicados de la Secretaría reafirmaron su compromiso con la construcción de una verdadera red de ciclo-rutas en la ciudad; una necesidad que es urgente, y eso tampoco se discute.


Adicionalmente, como respuesta oficial al masivo descontento ciudadano, la Secretaría de Movilidad ha decidido revivir la difunta Mesa de Movilidad No-Motorizada. La crisis parece ofrecer una buena oportunidad para que hoy lunes, durante las horas de la tarde, se pueda comunicar al secretario Ómar Hoyos que la necesidad de la implementación de una profunda política pública de la bicicleta no da espera; que la bicicleta no es solo para el deporte sino también el modo de transporte urbano más eficiente para viajes entre uno y siete kilómetros; que la promoción de la bicicleta y protección de la vida de los ciclistas no solo le corresponde al Área Metropolitana, a través del ejemplar programa EnCicla.


Algunos datos demuestran que hasta ahora no hay un compromiso serio con esta política pública de la bicicleta en la ciudad. El presupuesto de la ciudad para el 2013, por ejemplo, no contempla la construcción o señalización, ni siquiera de un centímetro de ciclo-ruta. Adicionalmente, en el seguimiento a las metas del Plan de Desarrollo notamos que de los 800 kilómetros lineales de señalización horizontal propuestos, se ha cumplido solo con un 10 % de esa meta. Aparte de las líneas negras sobre la ciclo-ruta de Industriales, esa señalización horizontal no ha sido destinada específicamente a la bicicleta.


Desde el Concejo de Medellín hay mucho interés en el tema. El concejal Bernardo Alejandro Guerra ha venido presionando con disciplina una política pública de la bicicleta y me reitera su compromiso con el tema; el concejal Miguel Andrés Quintero, convencido del potencial de la bicicleta en esta ciudad adicta al carro, me anuncia la instalación de una Comisión Accidental para hacerle seguimiento estricto al tema.


Todo esto se da cuando empiezan a ser socializados los resultados de la última encuesta de origen-destino. En ese ejercicio objetivo, 35 % de los encuestados dijeron que estarían dispuestos a usar la bicicleta como medio de transporte diario, si Medellín contara con: (a) una red de ciclo-rutas interconectada de 100 kilómetros o más; (b) semáforos para ciclistas; (c) vigilancia; (d) señalización; y (e) parqueaderos adecuados. Es obvio para los ciudadanos, y ellos sin saberlo, se refieren explícitamente a esta urgente política pública para la bicicleta.


Reitero la invitación respetuosa: ¡construyamos más y destruyamos menos!