Columnistas

“Por sus obras los conoceréis”
Autor: Juan Manuel Galán
22 de Octubre de 2012


Durante la apertura de esta segunda fase del proceso fue notoria la voluntad de las partes de sentarse en la mesa de negociación y su disposición al diálogo y a la búsqueda de una solución concertada.


Temprano en la mañana del pasado jueves, los colombianos pudimos ver la rueda de prensa que inicia formalmente las negociaciones de paz. Sin embargo, este evento, más allá de ser un acto protocolario, deja ver diferencias entre los extremos de la mesa y pone en  evidencia los desafíos que tendrá el equipo negociador, en el camino hacia un acuerdo real para conseguir la paz.


Desde la mañana del pasado jueves, los colombianos pudimos ver en directo la rueda de prensa, llevada a cabo en Oslo (Noruega), en la que intervinieron representantes del Gobierno Nacional, delegados de las Farc y voceros de Noruega y Cuba. Durante la apertura de esta segunda fase del proceso fue notoria la voluntad de las partes de sentarse en la mesa de negociación y su disposición al diálogo y a la búsqueda de una solución concertada. Este encuentro dejó ver profundas diferencias entre ambos discursos. 


De un lado, el equipo negociador del Gobierno, encabezado por el ex-vicepresidente Humberto de la Calle, presentó un discurso mesurado, que propone bajar las expectativas iniciales e ir subiéndolas poco a poco frente a los resultados de la negociación. En este discurso de realidad, dos puntos me parecieron contrastantes: el énfasis en la confidencialidad durante el desarrollo del proceso; y en que este se dé exclusivamente sobre los cinco puntos de la agenda temática acordada. Todo lo demás, se infiere del discurso, deberá ser parte de discusiones ideológicas planteadas en el escenario político y sometido a la libertad de elección y al debate democrático.  


Por otro lado, en su intervención, Luciano Marín Arango, alias ‘Iván Márquez’, expuso un discurso en el que denunció el modelo económico del país, la desigualdad social y el saqueo de recursos naturales de las multinacionales; haciendo completa omisión de hechos como sus prácticas de desplazamiento, reclutamiento de niños, siembra de minas, despojo de tierras, de minería ilegal, las masacres, secuestros y desapariciones forzadas, que nos han llevado al estado de cosas actual. En su discurso vale la pena resaltar que en contraste con el llamado a la confidencialidad, el delegado guerrillero solicitó convocar a todos los sectores sociales del país para hacer parte del proceso. Adicionalmente, a diferencia de la intención de limitar el debate a los puntos de la agenda temática, presentó una larga lista de exigencias para llegar a la paz que incluían transformaciones estructurales del Estado, de prácticas políticas, económicas y militares, y finalmente, insistió en un cese de hostilidades mientras avanza la negociación, a pesar de que el presidente ha sido claro en que no habrá un alto al fuego hasta lograr un acuerdo final en las negociaciones.


Todo esto deja ver las primeras dificultades que el equipo negociador tendrá a partir del próximo 15 de noviembre, fecha en que se iniciarán las discusiones sobre el tema agrario. El presidente Santos tiene todo nuestro respaldo en su empeño de buscar la paz. A las Farc ya no les creemos lo que digan sino lo que hagan y para creerles, lo primero que deben hacer es cumplir su palabra.