Editorial

Ingenuidad vs. cinismo
20 de Octubre de 2012


Somos enemigos de hacer futurolog韆, pero resulta sumamente preocupante que el balance de la mera instalaci髇 de los "di醠ogos de paz" ya muestre un saldo negativo para el pa韘.

Que nadie se sorprenda ni se llame a engaño – y menos el gobierno – de que el jefe negociador de las Farc, alias "Iván Márquez", aprovechara la gratuita vitrina internacional de Oslo para repetir por enésima vez la monserga marxista-leninista de los años 50 y 60 del siglo pasado, para presentarse como “víctimas del terrorismo de Estado”, para afirmar con cinismo redomado que no son terroristas, ni secuestradores, ni narcotraficantes y que todo lo que los mueve es alcanzar “la verdadera paz con justicia social” en Colombia.


Aquí nadie cree ese discurso con el que pretenden lavar su imagen y si aún quedan “progres” europeos que les coman cuento, aquí están estos datos de la Fiscalía General de la Nación que les pueden dar una idea de con quiénes está negociando el gobierno Santos. Contra el comandante "Márquez", por ejemplo, hay 132 órdenes de captura vigentes, por delitos de secuestro, rebelión, concierto para delinquir, desplazamiento forzado, narcotráfico y reclutamiento de menores de edad. Similares cargos y órdenes de captura pesan sobre alias "Timochenko", el máximo comandante, y demás miembros del ‘secretariado’ de esa guerrilla.


Resulta ingenuo reclamar que las Farc se salen del libreto cuando arremeten contra la política de restitución de tierras del presidente Santos, a la cual calificó "Márquez" de “nueva etapa de despojo” y al gobierno que la ejecuta de “agente del imperialismo, impuesto a los colombianos para asegurar ese despojo”, pues una primera y gravísima concesión, dentro del llamado "Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera", firmado el 26 de agosto en La Habana, fue aceptar discutir la política agraria del Estado con los principales responsables del atraso y la tragedia del campo colombiano.


Es absurdo que los herederos de "Tirofijo" se sienten de igual a igual con el Gobierno a dar cátedra sobre “democratización de la propiedad de la tierra y reforma agraria integral” – según su discurso – cuando las estadísticas del Ministerio de Agricultura muestran que ese grupo narcoterrorista es responsable del despojo de 700.000 hectáreas, de un total 1.700.000 arrebatadas por los grupos al margen de la ley a sus legítimos dueños. En los debates a la Ley de Restitución de Tierras, se documentó que el 30% de las víctimas señalan a cabecillas de las Farc como sus despojadores, mediante amenazas, extorsión, desplazamiento forzado y masacres. Hasta para el diario de izquierda Le Monde fue evidente la cínica posición de las Farc, al presentarse como víctima y personera de los desposeídos de la tierra. En su editorial escribió que “No puede haber paz en Colombia sin justicia para las víctimas”.


Las bien conocidas experiencias del IRA irlandés y la ETA española demuestran que los movimientos que proclamaron la lucha armada como vía hacia el poder, terminaron derrotados por las instituciones y obligados a aceptar que sólo les quedaba el camino de las vías pacíficas para ganarse un espacio dentro de la democracia, con la aquiescencia de los pueblos que en vano pretendieron domeñar con el terror. Esas experiencias nos enseñan también que al terrorismo hay que combatirlo sin tregua y sin desmayo, como hicieron Gran Bretaña y España (con la valiosa colaboración de Francia, que jamás aceptó ser refugio de etarras), hasta llevarlo a la situación de tener que deponer las armas para evitar la derrota definitiva.


En ese buen rumbo anduvimos en Colombia durante 8 años de exitosa política de seguridad democrática – tras el fallido experimento del Caguán – y cuando estábamos a punto de conseguirlo, el gobierno del presidente Santos resolvió sentarse con los voceros de un grupo en consunción a discutir lo que es bueno o malo para 46 millones de colombianos. Somos enemigos de hacer futurología, pero resulta sumamente preocupante que el balance de la mera instalación de los "diálogos de paz" ya muestre un saldo negativo para el país.