Columnistas

El paro judicial, 縣asta cu醤do?
Autor: Bernardo Trujillo Calle
20 de Octubre de 2012


Los jueces no organizan marchas que degeneren en pedreas contra la polic韆 o destrozos de vitrinas.

No hablo de un paro de los jueces en apoyo a la reforma judicial fracasada por desafortunada e inmoral, sino de una protesta contra la injusticia en el tratamiento económico que se le viene dando a estos servidores públicos que no han podido obtener el prometido nivel salarial que cierre la brecha inmensa que separa, hablando grosso modo, lo que se gana mensualmente un juez municipal o de circuito, con lo que se le paga a un magistrado de tribunal superior o de las altas Cortes.  Entre el primero –4 millones, o 5 el segundo, la diferencia con 25 millones o 36 del tercero y el cuarto respectivamente, hay una marcada sinrazón que es preciso enmendar atendiendo simplemente a dos cosas: la una, que ha sido una promesa incumplida por el gobierno y, la otra, que carece de una explicación plausible, pero ni siquiera aceptable.


Los jueces no organizan marchas que degeneren en pedreas contra la policía o  destrozos de vitrinas. Ellos paralizan sí la administración de justicia con gravísimas consecuencias para quienes tienen pendientes procesos que generalmente llevan meses y años en espera de una decisión. Tampoco reciben demandas o cumplen necesarísimas actividades del servicio, pues cuando se produce un paro de estos, no hay acceso a los despachos judiciales y la disciplina gremial se impone, como que sin ella su protesta no trascendería al gobierno central o si por cualquier circunstancia llegase a los oídos de los ministros del ramo, estos se desentenderían del problema o como lo está haciendo el ministro Pardo, tratando de dar explicaciones que no se compadecen con la equidad.


Dice el ministro del Trabajo –debiera ser la ministra de Justicia- que no por hacer un paro el dinero aparece para conjurarlo.  Eso no es respuesta adecuada y más parece una disculpa o un mal chiste, que algo serio y respetuoso.  Es que hace más de dos mil años murió quien multiplicaba por cinco mil los panes o el vino, y no es un milagro lo que se está pidiendo, sino que así como hay dinero para satisfacer a los floricultores (avivatos algunos) o cafeteros o ganaderos o arroceros, o cualquier gremio en dificultades, también debería arbitrarse el que hace falta para conseguir la nivelación solicitada que no es menos justa ni menos importante.


De otra parte, si por el volumen de trabajo o por la misma finura jurídica de él, se fuera a justipreciar la diferencia salarial, pues que me perdonen los señores magistrados, al menos unos cuantos, que haya quienes nos decidiríamos por darle primacía al de los jueces.  Es el juez quien estudia la demanda, la admite, decreta y practica las pruebas, hace el estudio preliminar del caso, consulta leyes, doctrina, jurisprudencia y finalmente falla sobre un trabajo cumplido ciento por ciento en su despacho, quedándole al superior, que conoce en apelación o consulta el proceso, revisarlo con el fin de confirmar o revocar, no siempre acertando en su decisión. Pregúntesele a cualquier abogado litigante juicioso y se sorprenderá con la respuesta. Y es por eso que cerrar los oídos y desatender a no se cuántos jueces en sus legítimas aspiraciones que por enésima vez intentan ante el gobierno, es una torpeza, una falta de sensibilidad y un total desconocimiento del sentido justiciero que debe imperar.


Porque así como corren los señores ministros a resolver las demandas de los trasportadores, sindicatos obreros o empresarios mandamases y maquinadores, porque esa es una de sus funciones primordiales, también deberían resolver con presteza esta de los jueces que no es prodigalidad, sino mera ecuanimidad.  En otro giro de pensamiento, la justicia pide justicia.


P.S.: 1. Escrita la columna, parece inminente que el paro se levante. Quede ella entonces como testimonio y advertencia. 2. Hacemos votos por los buenos resultados de las conversaciones de Oslo y La Habana. Que el 98% de los colombianos que creemos y queremos la paz, la obtengamos en estos próximos meses, así sea con sacrificios y concesiones compatibles con la soberanía y dignidad nacionales, pero sin mezquindad.