Columnistas

El lenguaje de Stravinsky
Autor: Olga Elena Mattei
20 de Octubre de 2012


Uno de los conciertos más atractivos del año presentó, para comenzar, el Adagio para Cuerdas, opus 11 de Samuel Barber.

Por fin llega el turno de los comentarios acerca de la fabulosa ejecución del Pájaro de Fuego, de Stravinsky, también dirigida por el extraordinario director Francisco Rettig.


Sale algo atrasado, a causa de que tuvimos 19 conciertos en 15 días en el Gran Festival  Internacional organizado por la Filarmónica y los columnistas no podemos ocupar sino una columna a la semana.


Uno de los conciertos más atractivos del año presentó, para comenzar, el Adagio para Cuerdas, opus 11 de Samuel Barber. Esta bellísima pieza, favorita de todos los públicos del mundo, consiste en una transcripción, por el mismo autor, para gran orquesta de cuerdas, del movimiento lento, (este Adagio) de su Cuarteto original, Nº1. Con el paso de los tiempos, numerosos compositores y arreglistas han realizado otras trasposiciones para toda clase de combinaciones instrumentales o vocales. Es una de las más hermosas piezas de temperamento neorromántico, de exquisito lirismo. Y así estuvo la dirección del maestro Rettig y la ejecución de la Orquesta.


A continuación escuchamos el Concierto para Flauta y Orquesta de Krzysztof Penderecky. Elizabeth Osorio, otra solista nuestra, se luce con su difícil partitura serial, y la orquesta, controlada al detalle por el director va exacta en todo; los difíciles pianísimos en todos los instrumentos, incluso en los más voluminosos vientos, se escucharon a la perfección. Con encajes exactos se logra el diálogo entre la intérprete principal y los solistas de las distintas secciones: no hay ni un bache en la prolongada y entrelazada ejecución. Haberse presentado en el W. Recital Hall del Carnegie, es un logro de alta categoría para cualquiera, y especialmente para alguien joven y de Latinoamérica. Osorio tiene además toda una serie de premios y honores obtenidos en EEUU y París. Y otro músico nuestro, Víctor Agudelo, es el compositor del Cuento Pagoda, una interesantísima obra. Nos presenta un despliegue secuencial de percusión y cobres, que se va extendiendo a las otras secciones, hasta un nutrido tutti, donde las cuerdas inundan el espacio sonoro. Y luego, gritos selváticos de las maderas, que traen un frenesí tropical nativo hasta un nuevo tutti. Y así, repetidamente. Es también música serial e incorpora además ritmos de la india, del budismo y otras músicas del lejano oriente.


Para coronar la noche con una pieza de gran envergadura, el programa concluyó con la grandiosa obra de Stravinski, El Pájaro de Fuego. Tras pasajes iníciales lentos y suaves, con apariciones súbitas de distintos instrumentos solistas, va aumentando la velocidad, el ritmo, el volumen, la simultaneidad, hasta que se crea un edificio monumental de piso sobre piso, (capa sobre capa), superpuestas magistralmente en cuatro dimensiones sonoras que llenan abigarradamente el espacio:  alto, ancho, hondo, y el transcurso temporal. Van avanzando horizontalmente con picos de conexiones verticales que Rettig apunta con puntualidad para lograr un engranaje milimétricamente preciso. (Se me ocurre que funciona como un juego de tarjetas fortran, con las que se inventaron el tejido Jakart en telares mecánicos y los primeros computadores, y cuyas perforaciones coincidentes  sincronizan las configuraciones de toda la trama).


Los bellísimos pasajes melódicos me figuran imágenes mentales de movimientos en tirabuzón. Como es sabido, esta obra fue coreografiada por Mikhail Fokine, en un famoso trabajo para los ballets rusos de Diaghilev en el verano de 1909 en París. Está basado en una bella historia folclórica. El fínale es apoteósico y Rettig lo lleva al clímax con autoridad imponente… aunque él, en su discreto estilo, conserva su porte sereno y su elegante economía gestual. El ramo de flores que le fue obsequiado, lo dedicó a la orquesta, al entregárselo al concertino.


En círculos privados dijo que hoy en día encuentra a nuestra filarmónica con mejor capacidad y ejecución que varias de las orquestas que dirige en sus labores internacionales.