Columnistas

Somos "hispanounidenses"
Autor: Rafael Bravo
19 de Octubre de 2012


La aceptación de estos “estadounidismos” supone un reconocimiento por parte de la Academia de la Lengua a la existencia de una especie de español exclusivo de los latinos.


La Real Academia de la Lengua anunció la inclusión de un buen número de “estadounidismos” o términos propios del español hablado en los Estados Unidos y que se han ido acuñando por los “hispanounidenses”, es decir, “personas de habla, origen o ascendencia hispana que residen en los Estados Unidos de América”. Hasta hace poco era inaceptable para los puristas del lenguaje escuchar una frase como la siguiente: “Este es el email recibido de un paralegal (el asistente de un abogado) cobrando un billón (mil millones) de dólares por el accidente ocurrido en el centro de la ciudad por el conductor de un van (un pequeño microbús)”. 


La aceptación de estos “estadounidismos” supone un reconocimiento por parte de la Academia de la Lengua a la existencia de una especie de español exclusivo de los latinos. Con más de 50 millones de hispanohablantes, Estados Unidos es el segundo país con la mayor cantidad de habitantes que habla el idioma de Castilla, al tiempo que reconoce la influencia no solo de los latinos, sino del español como el idioma de uso habitual en la sociedad anglo. No se debe confundir con el uso del spanglish, pues éste es un fenómeno lingüístico que mezcla un idioma con otro, deformando las estructuras gramaticales tanto del inglés como del español.


Por otro lado, los inmigrantes hispanohablantes se han visto obligados a interpretar las diferentes modalidades del español propias de las regiones de donde provienen. No es lo mismo vivir en Miami, en donde el léxico usado por la comunidad cubana es el predominante, que en Los Ángeles, cuya mayoría de inmigrantes es de origen mexicano, o la mezcla de dialectos presentes en Nueva York, sitio de residencia de miles de dominicanos, portorriqueños y suramericanos. En consecuencia, no resulta aventurado afirmar que los “estadounidismos” futuros van a estar marcados por la jerga de términos utilizados por los diversos grupos de inmigrantes en función de la localización geográfica de los mismos.


Es un hecho cierto que los inmigrantes de raíces mexicanas constituyen la mayoría entre los latinos, lo que equivocadamente ha llevado a muchos a identificar a todos en la comunidad como procedente de ese país en un sentido negativo, en razón a la gran cantidad de indocumentados de los últimos años. Injustamente se deja de lado la contribución e influencia que los mexicanos hacen a lo largo y ancho de los Estados Unidos, habiéndoles permitido incluso modificar los patrones de consumo de esta sociedad. Para mencionar un ejemplo, la cocina mexicana es ya un commodity en cada pueblo y ciudad, como en su momento lo fue la italiana a comienzos del siglo pasado. 


La diáspora latinoamericana ha hecho posible una auténtica revolución no solo en el idioma sino en el surgimiento de una clase económica de empresarios que a punto de innovación y emprendimiento participa activamente en la creación de empleo y generación de riqueza. Las grandes multinacionales norteamericanas ven en el creciente mercado latino una oportunidad que no se puede desperdiciar.


Finalmente, con ocasión de la contienda electoral que se avecina, las campañas políticas han entendido que la mejor forma de lograr el respaldo para sus candidatos en aquellos estados con alta concentración de hispanos votantes, es mediante avisos con propaganda política a través de las cadenas de televisión en español. Nunca antes los partidos habían gastado tanto dinero en la comunidad latina. La pregunta es si lograremos elegir candidatos al Congreso lo suficientemente representativos para velar por los intereses de la comunidad.