Columnistas

Vivienda para la equidad
Autor: Danny García Callejas
17 de Octubre de 2012


Los procesos de gentrificación se presentan cuando los habitantes originales de un barrio son desplazados por otros de mayor poder adquisitivo.


Una política de vivienda incluyente e integral es eficaz cuando evita la gentrificación y respeta la rururbanidad. Medellín, junto con Envigado, son ejemplos de eficacia en su política de vivienda que deben ser imitados por los municipios del Valle de Aburrá; evidentemente, promueven la vivienda para la equidad y evaluación de sus programas.


Los procesos de gentrificación se presentan cuando los habitantes originales de un barrio son desplazados por otros de mayor poder adquisitivo. Es decir, cuando habitantes de estrato 1 y 2 son expulsados por los incrementos en el valor de los arriendos, servicios públicos e impuestos a causa de nuevos proyectos comerciales, de infraestructura o aumento de bienes públicos en la zona. 


Por ejemplo, la construcción de un gran proyecto de infraestructura podría aumentar los impuestos al valorizar la tierra que incrementa el valor de los arriendos obligando a los habitantes de bajos ingresos a emigrar. Si las condiciones de vida mejoran, por ejemplo, resulta que los beneficiados pertenecen a una nueva población que acaba de arribar. Así no se “resuelve” el problema, tan solo se “desplaza”.


La rururbanidad, por su parte, se refiere a la población asentada en áreas que están en los límites entre la zona urbana y rural del municipio. Por ejemplo, la vereda El Porvenir de Itagüí se encuentra en el límite: hay algunas fincas, animales de granja y también asentamientos poblacionales. Pero, la batalla por la ruralidad ha comenzado: los megaproyectos de vivienda han iniciado su conquista de este territorio, es decir, un irrespeto por la rururbanidad que obligará a algunos pobladores del barrio a desplazarse. 


El problema de irrespetar la rururbanidad y la gentrificación es que cambian las condiciones de habitabilidad en una zona para favorecer a un grupo nuevo y expulsa a los pobladores originales quienes se irán a otros barrios donde continuarán sus problemas: falta de acceso a educación, salud, servicios públicos y oportunidades económicas.


El Plan de Desarrollo de Medellín “Un hogar para la Vida” (p. 186) afirma que hay 694.097 unidades de vivienda en Medellín, 49% de las cuales están localizadas en lugares de estrato 1 y 2 y 10% en condiciones de hacinamiento. El Componente 5 de la Línea 2, “Vivienda y hábitat: derechos por la vida digna y la equidad”, pretende ofrecer soluciones de vivienda para el hacinamiento y mejorar las condiciones de vivienda de los habitantes del municipio en un marco integral, de goce de derechos y acceso a oportunidades económicas. 


Pero más importante aún, el Plan de Desarrollo de Medellín habla de evaluar sus programas de vivienda. Igualmente lo hace el Plan “Envigado, una oportunidad para todos”. En contraste, el de Itagüí, “Unidos hacemos el cambio”, olvida una evaluación específica de su programa de vivienda.


Para reducir las brechas entre estratos se requiere de una política integral de vivienda que evite la gentrificación, respete la rururbanidad y promueva la evaluación de sus programas; solo así se logrará pasar del discurso a la vivienda para la equidad.