Columnistas

La paz con condiciones
Autor: Jaime Tobon Villegas
16 de Octubre de 2012


La afirmación de alias "Timochenko" es bien clara: “El triunfo de este proceso de paz es el triunfo de los vientos bolivarianos de nuestra América” (El Colombiano, septiembre 9).

De los ya casi 47 millones de colombianos, con excepción de los grupos de terroristas, narcotraficantes y guerrilleros, cuyas cifras en miles pueden ser 10, 20 o 30, ningún colombiano de buena fe puede atravesarle un palo en la rueda a la locomotora de la paz. Pero tampoco  aceptar los acuerdos de Oslo, Cuba y Venezuela sin condiciones.


Cuántas víctimas y destrozos de la riqueza pública y privada han ocurrido en los últimos 50 años a buen cargo de los facinerosos que hoy pretenden perdones y amnistías, para sentarse plácidamente en las sillas del H. Senado y de la H. Cámara de Representantes y gozar de los privilegios con sueldos y canonjías de 50 millones de pesos mensuales y jubilaciones de 20 millones hacia arriba.


Y los cientos de miles de víctimas humanas, destrucción de pueblos y bienes públicos para cuya atención apenas el gobierno inicia con las leyes pertinentes la recuperación de bienes, la entrega de cadáveres o, por lo menos, determinar el sitio donde reposa la multitud de víctimas, especialmente en las áreas rurales o campesinas donde ganaderos, agricultores, industriales del campo y familias humildes han recibido el castigo feroz de los criminales sin ley, sin Dios y sin conciencia.


De allí que consideremos importante la solicitud de grupos de ofendidos que exigen sentarse frente a frente con los victimarios y causantes de los desastres de los últimos 50 años. No puede haber pacto sin escuchar las víctimas.


Con el triunfo del coronel Chávez en Venezuela, hasta 2019 se configura la organización del chavismo socialista o, dicho en otros términos, la “Revolución Socialista Bolivariana” con fundamento en el acuerdo o pacto de Sao Paulo de 1990, cuando desde Cuba, Venezuela, Ecuador, Argentina y Nicaragua han aprobado dicho foro con dos bases sustanciales: eliminar los gobiernos democráticos de Suramérica y disminuir la acción del ejército y la policía para que estas fuerzas no apoyen la democracia o sirvan a la fuerza bolivariana  que es más o menos la absurda reencarnación de las viejas tácticas del comunismo de Mao Tse-Tung,  abandonado con la perestroika y la caída del Muro de Berlín.


La afirmación de alias "Timochenko"  es bien clara: “El triunfo de este proceso de paz es el triunfo de los vientos bolivarianos de nuestra América” (El Colombiano, septiembre 9). Recuerden los lectores que esta afirmación está ratificada en la famosa Marcha Patriótica que tratan de imponer las mismas fuerzas.


Sería bueno que a las altas cortes de justicia les cayera la obligación de analizar las condenas contra los dirigentes terroristas y ordenar su cumplimiento antes que una ilimitada libertad. Lo mismo sería con aquellas huestes que, sin estar condenadas, fueran analizados sus antecedentes para buscar el mejor camino para la vinculación a la sociedad civil. Y aquí es donde el sector gobierno, la sociedad civil y empresarial tienen que tomar las medidas para atender los costos de la paz, porque tanto el Ejército como la Policía Nacional tendrán que seguir atentos para detener cualquier presagio de des-institucionalización como el que hemos confrontado.


No podemos olvidar la sentencia del eximio presidente López Pumarejo: “Persiste en la conciencia ciudadana la convicción de que no serán, de que no pueden ser los transformadores del bienestar colectivo los mismos que crearon el desastre”.