Columnistas

De garitero a Pastor de almas
Autor: Luis Fernando Múnera López
15 de Octubre de 2012


En 1998 y 1999, monseñor Darío creó el Movimiento No Matarás y el Programa Arquidiocesano de Reconciliación (Pare), para ayudar a la gente de los barrios con problemas.

Darío de Jesús Monsalve Mejía, actual arzobispo de Cali, es testimonio vivo y eficaz del evangelio. Su ejemplo ayuda a mantener la fe en medio de los conflictos políticos, sociales y morales que vivimos en Colombia*.


Vino al mundo el 15 de marzo de 1948 en la vereda La Miel, de Valparaíso, Antioquia, en una familia formada por sus padres Antonio José y Ligia y otros nueve hijos.


Darío ayudaba en las labores del campo. Su función era garitero, encargado de llevarles a su padre y a los otros trabajadores el almuerzo a la roza. “Tuvimos pocos hijos, apenas diez, porque las dificultades económicas eran muy grandes, pero Dios nunca nos faltó, siempre tuvimos para la comida y un poco para la educación de los hijos”, cuenta don Antonio José.


Fue ordenado sacerdote en el seminario de Jericó el 17 de octubre de 1976. Recibió la consagración episcopal en Medellín el 15 de noviembre de 1993.


Fue nombrado obispo auxiliar de Medellín, a cargo de los barrios populares del norte de la ciudad, que sufrían una dura violencia causada por las bandas criminales formadas por Pablo Escobar Gaviria. Para trabajar directamente con los muchachos del conflicto, fijó su residencia en una casa del barrio Andalucía -La Francia.


En 1998 y 1999, monseñor Darío creó el Movimiento No Matarás y el Programa Arquidiocesano de Reconciliación (Pare), para ayudar a la gente de los barrios con problemas.


“No me clasifico entre izquierda y derecha; me clasifico como un pastor de la Iglesia que trata de llevar el sentido de lo cristiano y el evangelio a los temas de la violencia y la guerrilla”, dice monseñor Darío refiriéndose a esas tareas.


En 2001 fue nombrado obispo de la diócesis Málaga -Soatá, donde había un fuerte problema de violencia y guerrilla. Él sabía enfrentar estos conflictos con prudencia y firmeza, se igualaba con los activistas de la confrontación para ayudarles y por eso lo respetaban. Fundó los seminarios Menor y Mayor de la diócesis.


Fue nombrado arzobispo metropolitano de Cali, en 2011. En esta arquidiócesis ha puesto su énfasis pastoral en tres frentes: La familia, la evangelización y la reconciliación.


Ha sido usual que los arzobispos de Cali atiendan su cargo desde la sede arzobispal, en el centro histórico de la ciudad, y vivan en el norte, en una casa cómoda. No es el caso de monseñor Darío, quien estableció su residencia en un barrio de clase media, al sur.


“El sentido del prójimo y la ley fundamental del amor, incluso a los enemigos, nos convierten en sal de la tierra, levadura en la masa, luz del mundo. El espíritu comunitario y de comunicación de bienes, la fuerza de la solidaridad y el compromiso por la paz, son valores de la comunidad creyente que debería hacerse sentir en la comunidad civil, en el ejercicio de la ciudadanía”, dice en una de sus cartas.


Expresa con frecuencia su inconformidad con la política que el Estado ha aplicado para manejar el conflicto armado. De igual manera reclama a la guerrilla por los crímenes que comete, a pesar de declarar que pretende proteger al pueblo. A los sacerdotes les ha pedido fidelidad y responsabilidad en su ministerio, y respeto por sus feligreses.


Como arzobispo, Darío de Jesús Monsalve continúa cultivando los valores que recibió de sus mayores allá en la vereda La Miel. Sigue siendo el hombre franco, firme, espiritual, amable, alegre y pragmático. Su vida y su obra están signadas por el más auténtico espíritu cristiano.


Apostilla: Concomitantemente con este tema, cabe preguntar: ¿Cómo es posible que la encuesta “Medellín cómo vamos” muestre deficiencias tan serias en el empleo y la seguridad en la ciudad y concluya que vamos muy bien? ¿Y que la labor de nuestras autoridades al respecto no se vea ni se escuche?
*Adaptación de artículo publicado en Mirador del Suroeste.