Columnistas

縉eutrales?
Autor: Jorge Arango Mej韆
14 de Octubre de 2012


Todos los que vivimos sometidos a la ley, estamos comprometidos con el Estado que es la personificaci髇 de la comunidad. Y nos enfrentamos con los delincuentes que est醤 al margen de la ley.

Al escribir sobre el proceso de paz, algunos han sostenido que los medios de información deben ser neutrales en relación con él. Se supone que esa neutralidad implica considerar en pie de igualdad al Estado y a los delincuentes organizados. Éste no es un asunto sin importancia; por el contrario, merece la mayor atención.


Hay que comenzar por establecer entre quiénes es el conflicto. Algunos dicen que hay dos partes: el Estado y los guerrilleros. No es así: los hechos indican que ocho o diez mil malhechores les han declarado la guerra a cuarenta y cinco millones de colombianos. Es difícil, casi imposible, encontrar una persona que no haya padecido las consecuencias de los delitos que cometen estos bandoleros. Y si no las ha sufrido personalmente, sí tiene un amigo o un pariente que ha sido víctima o está relacionado con alguna.


Equiparar a las Fuerzas Armadas con estos criminales es un imposible moral. Si en algún momento tuvieron ideales o motivos políticos, hace tiempo que los perdieron, y hoy solamente actúan movidos por intereses económicos.


Dicho en otras palabras, son narcotraficantes, extorsionistas o secuestradores porque así se enriquecen. Y esto no es nuevo.


Recuerdo que entre 1976 y 1978 fui concejal de Armenia. A mi lado se sentaban dos concejales comunistas, uno de apellido Cardona. Pasó el tiempo, y este individuo se fue al monte e ingresó a las Farc y adoptó el alias de Braulio Herrera. Después, en uno de los tantos procesos de paz, llegó al Congreso. Terminada esta etapa, pasó nuevamente a las Farc. Y un día se supo que había desertado, y se había llevado más de dos mil millones de pesos, producto de extorsiones, secuestros y quién sabe cuántos delitos más.


Ningún colombiano respetuoso de la ley puede ser neutral, si esa neutralidad implica decir que los bandidos y el Estado merecen el mismo respeto. Por el contrario: todos estamos de parte del Estado que representa la comunidad, y rechazamos a los criminales, tanto si son organizados como si no lo son.


He sostenido que todos son delincuentes comunes. Y que la única diferencia entre los que se hacen llamar guerrilleros y los demás, consiste en el grado de organización. En la medida en que es mayor la organización, aumenta la capacidad de causar daño y disminuye la posibilidad de ser castigados.


Completamente diferente es la veracidad de las informaciones, ya sea sobre las conversaciones de paz o sobre los hechos que ocurran mientras ellas se adelantan. Los periodistas están obligados a publicar únicamente la verdad, a ceñirse a los hechos. Si los bandoleros atacan una población, secuestran a alguien o cometen un asesinato, hay que publicar la noticia. Y si las fuerzas del Estado se extralimitan en sus funciones o alguno de sus miembros delinque, también hay que hacerlo conocer. La verdad y solamente la verdad. Sin deformarla, sin inventar nada.


Además, que haya discreción. Que los funcionarios públicos, en busca de notoriedad, no se dediquen a hablar sobre lo que no les corresponde. Por ejemplo, el presidente de la Sala Administrativa del Consejo Superior de la Judicatura declaró sobre la participación del delincuente que se hacía llamar Simón Trinidad, en las negociaciones.


Como este individuo está en una prisión de los Estados Unidos, el magistrado explicó cómo podría intervenir en ellas. ¿Quién dijo que entre sus funciones está el dar opiniones de esta naturaleza? ¿Olvida que los servidores públicos solamente pueden hacer lo que les está mandado (sus funciones) o aquello que les está expresamente permitido? Y no se diga que habló como un particular. No, la condición de servidor público no es como un vestido que uno se pone o se quita cuando le viene en gana.


En conclusión, no hay neutralidad posible. Todos los que vivimos sometidos a la ley, estamos comprometidos con el Estado que es la personificación de la comunidad. Y nos enfrentamos con los delincuentes que están al margen de la ley.


Habrá que esperar para saber qué pasará con los responsables de crímenes atroces. Nadie entendería que se convirtieran en santos y, en vez de recibir castigo, llegaran a los más altos destinos de la república.