Palabra y obra

Art, rupture, testimony
Arte, desgarramiento, testimonio
Autor: Luz María Tobón Vallejo
13 de Octubre de 2012


Hasta el 21 de octubre, y desde el 14 de junio, está colgada en Monterrey, México, la exposición de la Bienal Femsa, la retrospectiva de ese proyecto creador y la muestra Sextanisqasi: desorden habitable. Un panorama del arte actual en América Latina

Foto: Cortesía 

Ricardo Bermúdez, del estado Guerrero, presentó el retrato “Familia reconstruida 2011”, obra en impresión cromógena.

Con eufemismos que apenas tapan su incertidumbre y gestos que la descubren hasta provocar el deseo de aclararla, los regiomontanos enfrentan la cotidianidad de la parte del mundo a la que ahora le toca llevar la parte más dura de la lucha contra las bandas de narcotraficantes. La comparación es inevitable: ¿cómo no recordar la Medellín de los ochenta?


Y como entonces nos pasaba aquí, el grito no se puede callar, alguien lo nombra. En Monterrey, en México, lo han hecho la mayoría de los artistas creadores de las obras exhibidas en la Décima Bienal de Arte de Femsa, la más importante de ese país por su convocatoria y premios.


Para los participantes no hay límites, tampoco obsesiones. La vida es su gran tema y sus experiencias son los relatos que presentan en fotografías, pinturas, dibujos, videos, intaglios, bronces, cerámicas, todas las técnicas permitidas por una convocatoria que no llama instalaciones ni arte efímero porque las obras ganadoras enriquecen la colección de la compañía patrocinadora de esta bienal y coleccionista de obras de grandes maestros.


Rosa María Rodríguez Garza, directora cultural de Femsa, confirma la pluralidad técnica de una Bienal que grita a los cuatro vientos el regreso de la pintura, ahora cargada de conceptualismo, y la reinvención de la fotografía y el video, como técnicas que permiten a los autores decir y decirse con gran riqueza.


La pintura no despliega a los grandes maestros del óleo, la acuarela o el acrílico, tampoco muestra serias preocupaciones por la técnica o la reinvención de los conceptos fundamentales del oficio de pintar o el artificio de dibujar. ¿Permanencia o paso adelante en una tradición que incorpora más que negarse?


Algunos todavía se embelesan con las potencialidades técnicas. Son los pintores del computador, que exploran la impresora y la línea, y los creadores de intaglios que demuestran pleno manejo del papel y sus potencialidades.


Ellos parecieran islas en un mar de artistas que gritan sus desencantos, también sus sueños.


Los fotógrafos y videoartistas que miran su entorno, combinan técnicas y recrean.


La imagen toma la palabra


Cuando todos llaman al silencio que les permita mirarse para volverse a encontrar, cuando las palabras molestan porque suenan más fuertes que los hechos, los artistas toman la voz. Sus plumas, sus pinceles y lápices, sus notas, sus cámaras, se convierten en parlantes que muestran desde el fondo de las almas individuales y colectivas las verdades plenas del hoy. Rosy Rodríguez siente que en la Bienal que ha cuidado por veinte años hay un regreso de la pintura y de la técnica, pero que llegan recargadas de palabras que dicen vidas, que se hacen testimonio, no es solo el arte por bello, es la obra como voz lúcida del presente, siempre desgarrador.


Con Marianna Dellekamp, artista del Distrito Federal que ganó el premio de adquisición en formato tridimensional, los artistas se exhiben. Ella se contó a través de catorce armónicas columnas que revelan los libros que ha leído en sus 46 años de vida, una historia que desata curiosidades, enseña y hasta desmiente cómodos lugares comunes.


Cerca de esta obra conmovedora, y con mención de honor, está Ulises Figueroa, quien, como un dios contemporáneo, ordenó su mundo y lo compartió con los visitantes, creando una “Historia del universo” en la que los objetos a todos familiares se resignifican y se hacen escultura que convierte lo obvio y casi invisible en fundamento de la humanidad, entera, sin esguinces.


En las salas está Francisco Muñoz, que dibuja con bolígrafo sobre las portadas repetidas una y otra vez por la prensa popular que insiste en sus fórmulas para contar la ciudad agredida por una violencia que no entiende. A esas letras desgastadas, a esas fotos repetidas, les responden dibujantes, realizadores visuales y fotógrafos que recrean a los jóvenes, pintores que reinventan los momentos de las heridas, para decir que la muerte hiere y no es anécdota y que la vida importa y sigue allí, o allí estuvo.


Y con ellos sigue la vida cotidiana de un país en el que sus habitantes se desgarran también por los cambios en la naturaleza, transformaciones que plasman en fotografías e intaglios que recuerdan que uno de los pocos relatos universales que permanecen son los que se refieren a la preocupación ambiental, casi tan fuerte como el dolor por la fragilidad de la vida humana.


Ellos, los de hoy, desprendidos de tradiciones que muestran conocer y disfrutar, son pintores y artistas que gritan en persona familiar para mostrar la cocina del hogar y la vida.


Son artistas que gritan en colectivo para reclamar por el sufrimiento, por la vida, por el pasado y hasta por el futuro. Son artistas que hacen bellos testimonios que son reclamos y gritos de vida.



El desorden habitado

En la conmemoración del vigésimo aniversario de su Bienal, Femsa convocó al curador colombiano José Roca para que montara “Sextanisqatsi, desorden habitado”, una muestra con la participación de once artistas plásticos de nueve países latinoamericanos donde Femsa tiene presencia con sus negocios.


A partir de una obra de los guatemaltecos Byron Mármol y Juan Brenner, que tenía igual nombre, esta muestra “cuestiona la oposición directa entre orden y caos, progreso y deterioro, y plantean que hay formas alternativas de organización, en las cuales el desorden es simplemente una forma de adaptación a las condiciones reales del uso, la idiosincrasia local y la  ausencia de un estado fuerte: la informalidad como orden paralelo”. Su reto consiste en invitar a los visitantes a hacerse parte de la ciudad y actuar ante ella como un ciudadano, no como un espectador, reconstruyendo nuevas relaciones en torno al arte.




Veinte años de arte mexicano

La X Bienal de Femsa seleccionó sus obras de las enviadas por 1.441 artistas mexicanos que presentaron 3.992 obras bidimensionales y tridimensionales. La muestra escogida ocupa tres salas del Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey y luego puede ser exhibida en algunos lugares de México.


La Bienal de Femsa goza de reconocimiento como la más importante de México por el carácter de los artistas nacionales que concurren a ella y que son sometidos al juicio de un grupo experto en el que participan artistas y críticos de arte. En el jurado del año 2012 participaron los artistas plásticos Leda Catunda y Pierre-Olivier Arnaud y los críticos de arte Karen Cordero, Itala Schmelz y Carlos-Blas Galindo. Ellos concedieron dos premios de adquisición y seis menciones honoríficas. También pueden hacer recomendaciones a Femsa para la adquisición de obras.


En esta oportunidad, la exhibición también incluyó una retrospectiva con las obras de artistas mexicanos, ganadoras de las nueve bienales anteriores.