Columnistas

Corte de comerciales
Autor: Álvaro González Uribe
13 de Octubre de 2012


No sé si los canales privados del país se han dado cuenta de que por culpa de su ambición desmedida y de su falta de juicio, los televidentes les estamos haciendo trampa.

No soy publicista pero sí veo televisión a veces, y se supone que entonces soy un consumidor de publicidad así no me deje convencer de esta, creo. Por tanto tengo derecho a opinar sobre su calidad y su duración.


No sé si los canales privados del país se han dado cuenta de que por culpa de su ambición desmedida y de su falta de juicio, los televidentes les estamos haciendo trampa. Y lo peor: no sé si los anunciantes, que son quienes a fin de cuentas pagan a los canales y a los programas, se han dado cuenta cómo los engañan contractualmente.


Me explico: es evidente la falta de calidad de los comerciales de TV colombianos y el exceso de los mismos.


Compare amable lector el tiempo de ciertos programas con el de sus comerciales correspondientes: exagerando solo un poco, en ocasiones el de los últimos casi alcanza al de los primeros.


Y eso para no hablar de los molestos subtítulos que en varios programas ponen para anunciar repetidamente otros, que por supuesto vienen también con su excesiva dosis de publicidad.


Les confieso algo señores de los canales, anunciantes y publicistas: con la facilidad que hoy da el control remoto, yo paso de canal mientras duran los comerciales y por tanto no los veo. A veces alcanzo a ver fracciones importantes de otros programas en ese lapso y hasta me quedo en ellos porque son mejores y, en especial, porque tienen menos publicidad. Por lo general resultan siendo canales extranjeros o regionales.


En el tema de la calidad no sé quién tenga la culpa: si las agencias de publicidad, las empresas que anuncian sus productos, o los canales. Puede ser falta de creatividad de las primeras, o tacañería de los otros dos obligando a las agencias a hacer cualquier cosa a mínimo costo; digo yo, no tengo idea qué sucede en ese negocio.


Lo que sí tengo claro por evidente es la pobreza de la mayoría de los comerciales; a veces ni gratis provoca adquirir los artículos o servicios allí anunciados. ¡Si así es el anuncio publicitario cómo será el producto!


La semana pasada se realizó en Cartagena el XVII Congreso Colombiano de Publicidad con tres ejes temáticos muy modernos (eso está bien). A grandes rasgos fueron: la caída de las fronteras, la desintermediación, y la legislación y la ética, todos bajo el eje transversal de lo digital. Desconozco si allí se tocaría algo mucho más simple y primario como la calidad y el exceso de la publicidad en TV. Más vale que sí, pues con muy pocas excepciones es un problema que salta a la vista en Colombia. ¿Qué está pasando? Si definitivamente es imposible reducir la cantidad de comerciales al menos deberían ser mejores.


El facilismo es pasmoso y van estos ejemplos: desde hace decenas de años estamos viendo a un señor o a una señora -cualquiera que sea- convenciéndonos de que tenemos que tomar una bebida -cualquiera que sea- porque es mejor que otra, sea cual fuere el motivo; y a una señora que intenta convencernos sobre la blancura de una prenda luego de lavarla con un jabón, o sobre la grasa que a los platos arranca otro jabón.


Hay comerciales que desde los sesentas llevan simplemente mostrando unos dientes blancos porque son cepillados con una crema dental -cualquiera que sea- aprobada por una tal federación o asociación odontológica (la van cambiando). Y eso para no hablar de aquellos comerciales donde el argumento más creativo es pegar berridos y gritar.


No es que sean guiones malos, es que al parecer ni los elaboran. Se nota una total falta de preocupación creativa; simplemente llenan los segundos o los minutos con cualquier cosa que haga alusión al producto o servicio, y los unos a facturar, los otros a pagar, los demás a emitir a la lata y también a cobrar, y los televidentes a ver babosadas.


Nos vemos la semana entrante amables lectores mientras vamos a un pequeño corte de comerciales. No se muevan.