Editorial

Seis años más de chavismo
9 de Octubre de 2012


Con el expediente del miedo y el apoyo de su poderosa y multimillonaria maquinaria, era previsible que Chávez consiguiera que los chavistas se volcaran a las urnas.

Como muchos demócratas en el mundo, albergábamos la esperanza de que la admirable campaña encabezada por el joven candidato de la Mesa de Unidad Democrática pusiera fin a 14 años de lo que a nuestro juicio es una dictadura constitucional en Venezuela. Pero los hechos son tozudos y, aunque estuvo muy cerca, la oposición, que esta vez consiguió el respaldo de casi la mitad de los venezolanos, tendrá que esperar una nueva oportunidad para recomponer las instituciones, sanar la grave polarización del país y reemprender un camino de unidad y progreso que, al menos como programa, dejó bien trazado Henrique Capriles.


Según el último resultado que entregó ayer el Consejo Nacional Electoral, con el 94,19 % de las actas procesadas, Hugo Chávez obtenía 7.860.982 votos (54,84 %), mientras que Capriles alcanzaba 6.386.155 votos (44,55 %). Esos diez puntos de diferencia -que por cierto pronosticaban algunas de las más serias encuestadoras- dan una clara legitimidad al tercer mandato consecutivo del coronel-presidente, pero muestran también un progresivo debilitamiento de su liderazgo y un agotamiento de la fórmula populista del “socialismo del siglo XXI”, si se comparan con los 23 puntos que le tomó de ventaja hace seis años al candidato opositor Manuel Rosales.


La copiosa votación obtenida por Capriles tiene mucho más mérito, si se tiene en cuenta que en estos años ha sido más ostensible la concentración de poder en manos del presidente y, sin atenuantes, toda la maquinaria y los recursos del Estado estuvieron al servicio de su candidatura, a más del sistema mediático, otro monopolio del Gobierno, obtenido a base de nacionalizaciones, expropiaciones y persecución implacable a los medios críticos, especialmente en radio y televisión. Esa falta de espacio en medios masivos de comunicación, obligó al candidato de la MUD a emprender una intensa campaña que lo llevó a visitar casi 300 ciudades y pueblos en menos de tres meses, en un “cara a cara” coloquial y sencillo, que cautivó a millones de venezolanos de todas las condiciones sociales.


Chávez, en cambio, menguada su salud por el cáncer que padece, solo hizo algunas giras y masivas concentraciones en los últimos días, y centró su estrategia en largas apariciones en televisión y en cadenas obligadas de radio. En esas apariciones, en vista de la fuerza que tomaba la candidatura Capriles, se dedicó a denostar de la oposición, a la que un día acusaba de estar preparando un fraude y al otro de maquinar un golpe de estado contrarrevolucionario, y a menospreciar e insultar al contendor, al que se refería siempre como el ‘majunche’, el “poca cosa”, en el argot popular venezolano. En su desespero, Chávez llegó a amenazar con una “guerra civil” si llegaba a triunfar la “derecha proimperialista”.


Con el expediente del miedo y el apoyo de su poderosa y multimillonaria maquinaria, era previsible que Chávez consiguiera que los chavistas se volcaran a las urnas. Pero también es cierto que fue gracias a la bien planteada campaña de Capriles, que nunca se dejó llevar al terreno de los agravios y siempre mantuvo un discurso propositivo y conciliador, que logró movilizar a cientos de miles de indecisos e indiferentes y que la democracia venezolana mostrara una fortaleza y participación sin precedentes, con una abstención de menos del 20 %.


Al aceptar su derrota y expresar “su profundo respeto” por el triunfo del oficialismo, Capriles demostró que es un demócrata a toda prueba: “Otra opción obtuvo más votos que nosotros y así es la democracia. Yo le digo a los venezolanos: yo no me paro aquí con medias tintas, yo estoy aquí para reconocer y respetar la voluntad de nuestro pueblo”. E invitó a Chávez a “leer bien su victoria” y a tener “respeto y consideración” por lo que piensa de su gobierno casi la mitad de los venezolanos. Chávez, que las coge al vuelo, replicó en su discurso desde el llamado “balcón del pueblo”, en el Palacio de Miraflores: “Mi palabra de reconocimiento a todos los que votaron en contra de nosotros, por su talante democrático, por la demostración cívica que han dado... La acción de reconocer los resultados es un paso muy importante para la paz y la convivencia en Venezuela”. Ojalá actúe en consecuencia, pero del dicho al hecho hay mucho trecho.