Columnistas

Congestión judicial y abogados de a peso
Autor: Luis Ignacio Guzmán
9 de Octubre de 2012


No soy enemigo de la educación de bajo costo, es más, soy amigo de que sea gratuita; pero con planeación y especialmente con énfasis en las ingenierías.

El más grande negocio de la educación está en abrir facultades de Derecho, a millón de pesos la matrícula semestral, para congestionar la justicia con abogados de a peso.


¿Calidad de la justicia? Con abogados a montón preparándose para cuanto concurso aparece, aptos para pasar pero ineptos para fallar. En igual forma cientos, miles de egresados presentando cuanta actuación se presenta por centavos, sin valorar cuantías, pruebas o exigencias mas allá de las que pueden llevar a la admisión, sin revisiones serias en el reparto para rechazar -o enviar a las propias universidades que los graduaron, sus alegatos y actuaciones con miras a observar la calidad de sus egresados y el pésimo servicio que le prestan al país y a la justicia que aprendieron a mirar como ciega-.


No soy enemigo de la educación de bajo costo, es más, soy amigo de que sea gratuita; pero con planeación y especialmente con énfasis en las ingenierías. No olvidemos que un país se mide por el número de ingenieros que gradúe y posea, mas no por la cantidad de abogados.


Un jardín infantil de clase media puede estar rondando los $500.000 mensuales, para socializar a los niños, ayudarles a mejorar su comportamiento en la alimentación, realizar metodologías de juegos, cantos o conocer números y letras, aparte de limpiarlos y asearlos. Un colegio ronda ya el millón de pesos mensuales y una universidad para abogados de a peso vale menos de $150.000 mensuales. ¿Imaginan Uds. la calidad de los catedráticos- ni ad honorem- que forman abogados para congestionar la justicia y el honor que les debe ocasionar para poner en letras de molde en su hoja de vida? Algo debe estar pasando con estos ‘benefactores’ que encontraron la fórmula de educar más barato que el Estado.


Si a mí en una selección de personal me llegara uno de esos profesores o de esos alumnos a pedir un trabajo, pues con mucha seguridad lo rechazaría mirando sus papeles así me tacharan de discriminador. Pero, lo más preocupante del asunto es que allí estudian dependientes de la rama judicial, de las contralorías, procuraduría y muchos más de las dependencias públicas que quieren seguir el camino de sus superiores, ser jueces magistrados, alcaldes, contralores y procuradores -tendrán además beca oficial sin revisar el estuche-.


No faltará quien me diga que el hábito no hace al monje y que no es la Universidad la que hace al profesional. Algo de razón tendrá, pero si el hombre o la hembra son tan inteligentes, que se les establezcan caminos de valoración de autodidactas, para que no los vayan a dañar en las universidades baratas, de catedráticos desocupados, que no son más que escuelas de tercera con ofertas de primera.


Conocí en estos días el caso de un abogado que por cualquier peso presentó demanda, sin pruebas, de un perro muerto por ingerirse un ratón envenenado en un cultivo cercano al lugar donde subsistía, cuyas crías se vendían a veinte mil; tasando su pretensión en más de cuatro millones, siendo aceptada, porque según el juez llena requisitos de admisión, así no haya cadáver, ni ratón, ni valoración del difunto. ¿Trámite a semejante actuación? Y hasta le pondrán celeridad, cuando estamos llenos de casos sin tramitar ni definir de tierras, desplazados, secuestros, asesinatos, atracos, demandas de alimentos, paternidades, desapariciones, acciones terroristas, responsabilidades de funcionarios públicos, defraudaciones al fisco, revisiones de actuaciones, tutelas, acciones populares, etc. Vámonos organizando y “no juegues con mis pelotas”, como decía un profesor en mi clase.


Observemos el sistema y empecemos por las instituciones donde se forman abogados y jueces, hasta ir llegando a los despachos, los tribunales y bufetes para concluir porqué estamos como estamos, en épocas de certificaciones y exigencias superiores a las que nos tocaron a nosotros los abogados de ayer.


¿Qué harán los responsables de la educación y la justicia en Colombia, frente a estas realidades? ¿Acaso fila para enseñar allí? ¿O se harán los de la vista gorda frente a estos negociantes y la calidad de la materia prima de la justicia?


Hoy el Estado debe ser altamente exigente con la calidad de la educación, instituciones, profesores y egresados; así como con las autorizaciones que concede para vender educación y en la revisión permanente de cada actuación en las instituciones que certifica.