Editorial

Por las vías de la dignidad
8 de Octubre de 2012


Aplaudimos la buena intención del señor Gobernador de presentar a las comunidades estos proyectos de infraestructura física y su iniciativa de dar a la gente el poder de ser los veedores de su desarrollo.

De cara a los habitantes de cinco de las subregiones de Antioquia y con algunos medios de comunicación como testigos de excepción -entre ellos EL MUNDO-, el gobernador Sergio Fajardo Valderrama dio la largada la semana anterior, con los trabajos de mantenimiento y rehabilitación de vías secundarias, al Plan Integral de Vías para el Desarrollo y la Educación, en el que están comprometidos recursos que ascienden a 17,9 billones de pesos hasta el año 2018, incluidos aquí los dineros correspondientes a las Autopistas de la Prosperidad.


En una maratónica jornada que llevó a la comitiva gubernamental desde San Pedro de Urabá hasta Montebello, pasando por Liborina, Puerto Nare y Nariño, la Administración Departamental quiso reiterar su mensaje de que “en Antioquia no se pierde un peso” y dejar claro a los alcaldes, dirigentes regionales y habitantes, que la licitación de cada obra y la asignación de cada recurso estuvieron rigurosamente amparadas en el principio de legalidad de la gestión pública, comprometiendo incluso a los contratistas (en una iniciativa que pasó de espontánea a solemne) a trabajar con transparencia y honestidad en el desarrollo de los proyectos, no sin que antes ellos mismos refrendaran públicamente que el proceso de contratación había estado libre de prebendas y comisiones de su parte hacia los funcionarios públicos.


Un ejercicio novedoso para las comunidades acostumbradas a no tener mayor información sobre las obras acometidas en sus entornos, que no solo habla de la sindéresis del gobernante sino que entrega los elementos suficientes para que la comunidad, como primera beneficiaria de las obras, sea también la primera fiscalizadora del correcto desarrollo de las mismas.


Fue así como el gobernador Fajardo, acompañado por su secretario de Infraestructura, Mauricio Valencia y otros miembros del equipo, detallaron en cada municipio visitado las obras a realizar, los tramos a intervenir y la fuente de los recursos de cada proyecto, cuya integralidad nos llamó poderosamente la atención, pues no se trata de la simple intervención de emergencia de unos trayectos deteriorados sino de su mantenimiento rutinario y periódico, incluyendo en ellos la construcción de cunetas, la estabilización de taludes, la atención de puntos críticos, el sostenimiento de caminos veredales y, para el caso concreto de Urabá, el mejoramiento de puertos fluviales, el dragado del río Atrato y la protección de los malecones turísticos. Se cierra así ese círculo vicioso en el que la maquinaria aparecía para la mera intervención de choque en momentos críticos y se abre el círculo virtuoso de mantener las vías aptas para la circulación en todo momento.


Es, en fin, un plan macro cuyos principales componentes tuvimos ocasión de publicar detalladamente en nuestra edición de ayer y que merecerá, seguramente, que volvamos a ocuparnos a espacio de este tema, tan sensible para la región y del cual, paradójicamente o tal vez intencionalmente, no habló el doctor Fajardo en el discurso inaugural de su mandato, dando motivos a sus detractores para que empezaran a criticarlo. Lo que queda demostrado aquí es que el proyecto de “Antioquia la más educada” no se reduce a la construcción y dotación de colegios, sino -y aquí retomamos el concepto de la integralidad- a la generación de condiciones que le permitan a la población la transformación de su entorno y de su cultura en condiciones de equidad, puesto que así como se le da la importancia que merece un proyecto de la envergadura de Autopistas de la Prosperidad, también reciben toda la atención las necesidades de los municipios y corregimientos que dependen de una vía secundaria o terciaria.


Aplaudimos la buena intención del señor gobernador de presentar a las comunidades estos proyectos de infraestructura física y su iniciativa de dar a la gente el poder de ser los veedores de su desarrollo. Por nuestra parte, y en respuesta a la invitación de la que fuimos objeto para ser testigos de este hecho, también nos comprometemos a estar atentos al desarrollo de las obras, dando a los ciudadanos voz cuando la necesiten y observando que los principios de transparencia y honestidad de parte de funcionarios y contratistas, no se diluyan con el paso del tiempo en los frentes de obra. Que el entusiasmo con que se ha dado la partida a este plan de vías para el desarrollo y la educación perdure hasta que se materialice la última de las obras proyectadas.