Columnistas

Los indispensables
Autor: Omaira Martínez Cardona
8 de Octubre de 2012


Es saludable compartir el saber y el hacer, fortalecer la capacidad de delegar y la alternancia de funciones, y estimular las habilidades, capacidades y voluntades de los demás.

A propósito de mandatarios, funcionarios públicos, empresarios y otros personajes que padecen las enfermedades de moda para el negocio de la salud en el mundo, es oportuno reflexionar sobre la práctica de la indispensabilidad, hábito en auge en las organizaciones actuales a pesar de  las bondades de la tecnología y el trabajo virtual. Que nadie es indispensable es un dicho popular y una realidad que poco se cumple en lo personal y organizacional.


Uno de los padecimientos que según las cifras más aquejan a la mayoría de las personas es el estrés, relacionado con sobrecarga de actividades, indecisión para delegar, desconfianza, obsesión por el control y pérdidas millonarias por decisiones inoportunas.


Desde la propuesta de la escuela sociológica del funcionalismo, el principio de la indispensabilidad se aplica para todas las sociedades y organizaciones que funcionan como un sistema conformado por varias partes en el que ninguna función puede ser suprimida pero sí sustituida. Aunque parezca duro, hay que recordar que como personas sí somos únicos e irremplazables, pero desde la función que desempeñamos como parte de una organización en cualquier ámbito, no somos indispensables y los procesos deben continuar así cambie la manera de hacerlos y el resultado al final sea el mismo.


Los estudios de personalidad han revelado que creerse indispensable genera un desequilibrio en las instancias básicas de la vida, ocasionando problemas  relacionales, malestar y hábitos poco saludables que van en detrimento del bienestar y la calidad de vida. Asimismo, hacer creer a otros que son indispensables, es obstaculizar las posibilidades de su desarrollo integral y de que sus aptitudes y actitudes fluyan libremente, es anquilosarlos.


Cuesta descubrir que bajo el discurso de la indispensabilidad se han tejido algunas ideas como la de la estabilidad que no se puede garantizar en una dinámica como la actual en la que el cronómetro del acontecer corre a ritmos acelerados y no hay tiempo para hacerse el indispensable. Es saludable  compartir el saber y el hacer, fortalecer la capacidad de delegar y la alternancia de funciones, y estimular las habilidades, capacidades y voluntades de los demás. Está comprobado que muchas de las indispensabilidades se dan por subestimar a los otros. Cuando se tiene claro cómo funciona el proceso y se cuenta con la información de su estado actual, se tendrán los insumos básicos para que muchas personas estén en capacidad de asumirlo.


Aunque es cierto que hay especialidades y que casi siempre es mejor “zapatero a tus zapatos”, ahora son escasas las funciones que dependen única y exclusivamente de una persona y en las que no se requiera la intervención de otros. También hay casos recurrentes en los que la alternancia de actividades es utilizada como excusa por parte de organizaciones para rotar constantemente a las personas. No es sano mezclar prácticas como la indispensabilidad, la dependencia y el control desmedido. La autoridad y la coordinación manejadas adecuadamente posibilitan el trabajo en equipo y el cumplimiento de los procesos sin contratiempos mediante actividades compartidas, indispensables y  sustituibles.