Editorial

Medellín: Vamos bien, pero...
7 de Octubre de 2012


Nuestra sugerencia respetuosa es que la Encuesta de Percepción Ciudadana "Medellín, cómo vamos" -al menos la de comienzo de gobierno- se haga en los primeros meses del año y no en julio, como la que estamos comentando.

Esta semana se divulgaron los resultados de las Encuestas de Percepción Ciudadana 2012, realizadas por el Programa “Cómo vamos” en Bogotá, Medellín y Cartagena. Es impropio hablar de que tales resultados son “Hojas de ruta para tres ciudades”, como titula su editorial el diario El Tiempo, socio del Programa, pues las verdaderas “hojas de ruta” de las nuevas administraciones son los Planes de Desarrollo, que para el caso de Medellín fue aprobado en mayo pasado por el Concejo de la ciudad y está en plena marcha.


Con ello no queremos demeritar, ni más faltaba, el trabajo de investigación que desde hace siete años realiza la reconocida firma Ipsos Napoleón Franco y que para el caso de Medellín es patrocinado por Proantioquia, Eafit, la Fundación Corona, Comfama, Comfenalco, la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia, Cámara de Comercio de Bogotá, El Colombiano y El Tiempo. La observación apunta a que los resultados de la Encuesta de Percepción Ciudadana, EPC, podrían constituir un valioso insumo en la elaboración del Plan de Desarrollo municipal si se conocieran antes o durante los debates. Sobre todo porque, como pudimos observar en la lectura del Informe, uno de sus capítulos más importantes es el que establece, con base en una lista de 16 temas, cuáles son las prioridades ciudadanas para la Administración Municipal, de modo que esta pueda saber qué tanto interpreta en su programa las demandas, inquietudes y necesidades de los ciudadanos. Nuestra sugerencia respetuosa, entonces, es que la pesquisa -al menos la de comienzo de gobierno- se haga en los primeros meses del año y no en julio, como la que estamos comentando.


Como en años anteriores, la percepción que tienen los medellinenses de su ciudad es muy buena. Siete de cada diez consideran que “va por buen camino” y cuando se les pregunta qué tanto orgullo sienten por ella, la calificación es de 4,5 sobre 5, similar al promedio del periodo 2006-2011. Desde 2008, la encuesta incluye la pregunta por la calidad de vida ofrecida y en una escala de satisfacción de 1 (muy insatisfecho) a 5 (muy satisfecho) en 2012 la calificación es de 4,3, similar a la obtenida en 2011. Desde 2010 se pregunta a los entrevistados: “Si cero es la peor vida posible y 10 es la mejor vida posible, ¿dónde se siente ahora?”. Ese primer año el promedio fue de 7, al año siguiente fue de 7,3 y este año es del 7,5, lo que para los investigadores significa “una mejora en el bienestar percibido y, por ende, una mejora en la calidad de vida del medellinense promedio”.


Una prueba de la positiva evolución de la calidad de vida en Medellín es la percepción que tiene su gente de la pobreza. En el 2006 el 33 % de los hogares se auto-percibía como “pobre” y en seis años bajó de manera drástica al 12 % en el 2011, aun cuando este año se revirtió la tendencia y quedó en el 15 %. Claro que una cosa es la percepción y otra la realidad objetiva, aun cuando allí también se evidencia progreso, pues según las estadísticas oficiales, en Medellín y su área metropolitana la línea de pobreza para el periodo 2002-2010 disminuyó en un 39 %, pasando de 36,1 % al 22 %, una tasa levemente por debajo del promedio de las trece áreas metropolitanas que fue del 23,2 %.


La pobreza está íntimamente asociada al problema del desempleo y eso explica que desde 2006 la primera prioridad y el reclamo de los medellinenses a sus gobernantes siempre haya sido el empleo, por encima de la salud, la educación, la seguridad y la movilidad. Como señala el estudio, “la ciudadanía, más que esperar ser objeto de subsidios, desea ser generadora de sus propios ingresos”. Un dato preocupante este año es que ocho de cada diez encuestados ponen el desempleo como el peor problema de la ciudad y solo el 20 % reconoce que la Alcaldía está trabajando para mejorarlo. Confiamos en que esa percepción cambie radicalmente con la ejecución del ambicioso plan de obras públicas del alcalde Aníbal Gaviria, quien por cierto goza de una envidiable favorabilidad del 86 % entre sus gobernados, en agudo contraste con el 41 % de Gustavo Petro en Bogotá y el 54 % de Campo Elías Terán en Cartagena.