Columnistas

Venezuela, 20 años de dictadura
Autor: Alfonso Monsalve Solórzano
7 de Octubre de 2012


Hoy Venezuela está llevando a cabo el pseudoproceso electoral que entregará el poder a Hugo Chávez Frías, con lo que cumpliría 20 años de dictadura.

Hoy Venezuela está llevando a cabo el pseudoproceso electoral que entregará el poder a Hugo Chávez Frías, con lo que cumpliría 20 años de dictadura. No nos engañemos: no se trata de una contienda, porque en esta hay una lucha limpia por el voto, en la que cualquiera de los candidatos podría ganar, pero Henrique Capriles Radonsky  no tiene posibilidad alguna de llegar a la Presidencia aunque gane las elecciones.


Si el populismo chavista llegase a fallar, como parece probable, pues Chávez ha llevado a la economía venezolana a la crisis, con inflación y escasez crecientes, algo de lo que son conscientes sus ciudadanos, el control de las autoridades electorales está en manos de Chávez, por lo que el fraude, en caso de ser necesario, está garantizado, y es posible que ese sea el caso. El coronel controla las fuerzas de seguridad, muchos de cuyos mandos están vinculados al negocio del narcotráfico, a las comisiones en el mercado de armas y a dilapidar los dineros, cada vez más escasos, de Pdvsa, la empresa petrolera que el gobierno chavista ha tenido el imposible logro de quebrar y  llevarla a la vetustez tecnológica.


Y si estas cartas llegasen a fallar, pues para eso están los ejércitos paramilitares, llamados “milicias bolivarianas”, un millón de elementos, flor y nata del lumpen venezolano al que Chávez ha armado con un millón de fusiles para “defender la revolución socialista bolivariana”. En efecto, si por un milagro se anunciase, por parte de la autoridad electoral a Capriles como ganador porque el fraude fuera tan gigantesco que fuese imposible de ocultar, y los militares reconociesen dicho triunfo, las “milicias” iniciarían una ofensiva de terror para producir el caos y enterrar la victoria de dicho candidato. Por supuesto, las organizaciones guerrilleras colombianas estarían a la cabeza de dicha ofensiva.


Y no es porque la oposición venezolana no haya aumentado como la espuma, hasta el punto de que en unas elecciones limpias en una democracia liberal, que garantiza el pluralismo y el pluripartidismo y los derechos civiles y políticos de la oposición, que puede llegar por la vía electoral al poder, Capriles ganaría, con toda seguridad. Lo que ocurre allí es un ejemplo de construcción de una sociedad totalitaria con el obsoleto formato marxista de la dictadura de un partido, que controla el poder, incluyendo las ramas legislativa, judicial y electoral, con el objetivo de estructurar una democracia “socialista” o “popular”, que entrega el manejo del país a una camarilla corrupta que, a nombre del “pueblo” saquea y se enriquece ilícitamente, oprime, encarcela y desaparece a sus ciudadanos e interviene abiertamente en los asuntos internos de otros países, con el fin de exportar su “revolución”.


Estas transformaciones se están produciendo en Latinoamérica, en distintos países, cada uno según sus características y sus ritmos. En esa línea avanzan Ecuador y Nicaragua y ya ha mostrado sus dientes en Argentina.


Los colombianos debemos sacar lecciones de estos hechos. En primer lugar, que es posible que el totalitarismo llegue al poder de una democracia liberal por la vía de las elecciones. Una vez en el gobierno, comienzan, primero lentamente, y después con mayor ritmo, los asaltos a las instituciones democráticas, concentrando el poder y asegurándose período por período la reelección, mediante reformas ilegales. Simultáneamente, comienzan a obtener el control de las fuerzas armadas a punta de corrupción de los altos mandos e ideologización de quienes comienzan su formación militar. Cuando el país se da cuenta, ya tiene un partido marxista gobernando, con un líder inamovible, una constitución que afecta gravemente la propiedad privada, el control de los sectores estratégicos de la economía  y aparatos paramilitares que espían y controlan al pueblo.


En segundo lugar, que es con este tipo de Estado, encarnado en Venezuela,  en el que se apoyará Santos para las “negociaciones de paz” con guerrillas que son aliadas estratégicas de dicha dictadura. Ya podrán imaginar la clase de mediadores o facilitadores que serán y el Estado que saldrá de esas negociaciones. En 10 años seremos como Venezuela. ¡Ah!, y amistosamente  les aconsejo a los negociadores  colombianos que en Cuba revisen los cuartos y cualquier sitio en el que se reúnan, para que no les pongan micrófonos.