Columnistas

Reflexiones sobre el espacio público
Autor: Jorge Arango Mejía
7 de Octubre de 2012


Hace algunos días, el doctor Iván Guzmán López, en estas mismas páginas de EL MUNDO, se refirió a algunos de los escritos que yo he publicado en defensa del espacio público de Armenia, perdido hace tiempo para sus habitantes

Hace algunos días, el doctor Iván Guzmán López, en estas mismas páginas de EL MUNDO, se refirió a algunos de los escritos que yo he publicado en defensa del espacio público de Armenia, perdido hace tiempo para sus habitantes y para quienes se aventuran a visitar la que en un tiempo se llamó Ciudad Milagro. También mencionó la acción popular que ejercí para que la justicia ordenara a las autoridades municipales proteger el derecho fundamental reconocido por el artículo 82 de la Constitución: “Es deber del Estado velar por la protección del espacio público y por su destinación al uso común, el cual prevalece sobre el interés particular.” Norma inexistente para las autoridades locales.


Decía ese columnista que la situación del centro de Medellín era semejante. Y escribió unas palabras tremendas: “Definitivamente, el Centro no es más que una cloaca de vicio, robo, prostitución, microtráfico, caos, atraco, calles convertidas en parqueaderos, piratería, robo de energía, insoportable caos vehicular, etc., y necesita intervención urgente de los gobiernos local y nacional.” Ese diagnóstico es aplicable, literalmente, al caso de Armenia. Solamente faltan los casinos.


¿Cuál es la causa de este problema? No es una sola, sino varias.


Indudablemente, éste no es un negocio de unos cuantos desocupados. No es verosímil que ellos organicen una compleja red de suministros de diversas mercancías, a gran escala. Eso requiere cuantiosas inversiones.


¿Qué decir de los estupefacientes y de las mercancías de contrabando, o de cualquier origen ilícito?


Lo que ha acontecido en Medellín el día 1º de octubre, muestra la magnitud del problema. Fue una verdadera asonada.


¿Hay, como dicen algunos, fuerzas oscuras detrás de ese negocio gigantesco? Todo es posible.


En el caso de Armenia, he sostenido, y así lo pedí en la demanda, que  urge ubicar los vendedores de frutas y verduras en la Plaza de Mercado. Y que ello tiene que hacerse inmediatamente, sin demora. Esos vendedores pueden ser la mitad de los que invaden el espacio público.


Quienes venden artículos de procedencia ilícita o estupefacientes, no tienen razón para ejercer ese comercio delictuoso.


Tampoco puede permitirse la invasión por los que vienen de otras partes, ocupan el espacio público y regresan en la tarde a sus lugares de origen.


Se equivocan la alcaldesa de Armenia y su inepto secretario de gobierno, si piensan que al intentar la recuperación del espacio público estoy haciéndole oposición a su administración. No, solamente busco que cumpla la Constitución, como es su obligación y la de todas las personas en Colombia.


Y la última causa es la incompetencia de las autoridades locales y su temor a ejercer la autoridad legítima.


Por eso desconfío de la solución que ahora se intenta, mediante la construcción de 320 casetas en el centro de Armenia. Es evidente que los 700 u 800 que no reciban ese regalo, invadirán inmediatamente los andenes ampliados. El desorden aumentará. Será el caos. ¿Qué derecho invocarán? El derecho a la igualdad, así tengan que romperle el cuello a la Constitución. Y los infractores estarán seguros de que las autoridades locales nada harán para hacer respetar el espacio público. Esa es la ventaja de llegar a la ciudad donde no hay Dios ni ley. 


¿Alguien ha estudiado el alcance de la desvalorización de la propiedad raíz en el centro de Armenia? ¿Cómo pretender que un inversionista se arriesgue a hacer alguna obra en un sector en creciente deterioro?


Ya ha comenzado la ocupación ilícita en las aceras de Unicentro, que se inauguró hace pocos días. Y se multiplicará con la velocidad de las malas yerbas, por la tolerancia de las autoridades.


No me hago ilusiones: reconozco la incapacidad de la administración municipal para devolverles a los armenios el espacio público. Incapacidad culpable, sin duda. Y por esto mismo pienso que es hora de que el gobierno nacional diseñe un plan  general en defensa del espacio público.


Lo de Medellín demuestra que lo que empieza como una actividad pacífica se convierte en cualquier momento en un motín que atenta contra la vida y los bienes de todos.