Columnistas

Código electoral y voto electrónico
Autor: Ramón Elejalde Arbelaez
7 de Octubre de 2012


Esta semana en una entrevista concedida por el político y periodista venezolano Teodoro Petkoff, director del diario Tal Cual, a la cadena radial Caracol, afirmaba la imposibilidad de que en las elecciones de hoy en Venezuela, se pudiera realizar

Esta semana en una entrevista concedida por el político y periodista venezolano Teodoro Petkoff, director del diario Tal Cual, a la cadena radial Caracol, afirmaba la imposibilidad de que en las elecciones de hoy en Venezuela, se pudiera realizar un fraude o adulterar de cualquier manera los resultados electorales. Como lo dice una figura reconocida de la oposición en ese país, sus afirmaciones resultan más verosímiles, no solo por las calidades de quien lo afirma, sino por la contundencia de sus argumentos: En Venezuela el votante escoge electrónicamente el candidato de su preferencia; el equipo electrónico imprime el voto registrado y se lo entrega físicamente al elector quien lo deposita en la urna; se hacen confrontaciones aleatorias entre los resultados  de máquinas y de urnas, cuyos totales tienen que ser iguales.


El gobierno del presidente Juan Manuel Santos acaba de radicar en el Congreso un proyecto de ley que contiene un nuevo código electoral, seguramente muy necesario, pero que no es la solución a las gravísimas falencias de nuestro sistema electoral. Somos cíclicos en el tratamiento de nuestros problemas, pero nunca nuestras acciones pasan del momento de efervescencia cuando se hacen las denuncias. Cada que se hacen elecciones parlamentarias o de autoridades locales y regionales, se conocen las más oprobiosas denuncias sobre fraudes, compras de elecciones, sospechosos apagones, solicitudes descaradas de dinero para hacer ganadores a ciertos candidatos, y un largo etcétera.  Y cíclicamente nuestros jueces contencioso administrativos ven inundados sus despachos de demandas electorales por violación a la transparencia que toda actividad estatal tiene que garantizar. No están lejanas las épocas en las cuales, después de uno de estos certámenes, en más de 40 municipios se realizaron asonadas y movimientos de rechazo por supuestos fraudes en elecciones. Seguramente algunos casos fueron instigados por la furiosa frustración de malos perdedores; pero sin duda en muchos de ellos se actuó por reacción a la manera corrupta y descarada como se manejan los procesos electorales en muchos lugares de Colombia.


Más que un código moderno necesitamos tecnificar el sistema electoral. Nada nos ganamos con tecnificar las normas, si los sistemas que seguimos empleando son coloniales. En tiempos del computador y la  internet  es increíble que sigamos votando como en el siglo XIX y escrutando los resultados electorales como lo hacían nuestros abuelos. La presentación del código debió llegar aparejada con la licitación para la compra de equipos modernos necesarios para aplicar en Colombia el voto electrónico. La presentación del Código es más bien una lavada de manos oficial para no enfrentar la solución al problema real. Nada hay más grave para una democracia que la existencia de un órgano electoral poco confiable,  susceptible de corruptelas dirigidas a falsear los resultados electorales. Recordar lo sucedido con el M-19.


Cuán estimulante para la democracia colombiana sería el día en que pudiéramos afirmar, como Teodoro Petkoff, que tenemos un sistema electoral confiable y serio. Eso sería más importante que anaqueles atestados de códigos gramatical e ideológicamente perfectos, pero inaplicables a la triste realidad.


Escuché alguna vez, tal vez fue a José Obdulio Gaviria, cuestionar el voto electrónico porque el software puede ser envenenado para producir resultados contrarios a la realidad. Problema minúsculo: se puede complementar el voto electrónico con la urna adyacente, como en Venezuela, para hacer control sobre los resultados. Pero además, los partidos políticos y las organizaciones sociales deben convertirse en interventores del proceso y contar con mecanismos para evaluar durante todo el proceso electoral el software y los procedimientos respectivos e impedir su manipulación. Fuera de algunos enemigos tecnológicos, para llamarlos de alguna manera, existen otros a quienes no les conviene el cambio y la modernización porque sus triunfos electorales no son el producto de los resultados en las urnas, sino del dinero que utilizan para ganar por fuera del proceso democrático lo que no obtuvieron del fervor popular.