Editorial

La salud del jefe de Estado
5 de Octubre de 2012


Rogamos al cielo que, en aras de la estabilidad de las instituciones y de la tranquilidad del propio vicepresidente y su familia, el dictamen de los médicos sea favorable a su permanencia en el cargo.

El éxito de la intervención quirúrgica a que debió someterse el presidente Juan Manuel Santos para extraerle un tumor cancerígeno en la próstata, y el hecho de que en ningún momento se presentara un vacío de poder, pese a la extraña coincidencia de que al mismo tiempo el vicepresidente Angelino Garzón está incapacitado para reemplazarlo debido a la isquemia cerebral que sufrió hace tres meses, son dos buenos motivos para congratularnos.


Terminada la operación, el propio presidente se encargó de dar el parte de tranquilidad a los colombianos a través de su cuenta en Twitter: “Gracias a Dios todo salió bien y me estoy recuperando satisfactoriamente. Estamos muy agradecidos mi familia y yo por todo su apoyo”. El primer comunicado médico no pudo ser más positivo y tranquilizador: “La intervención quirúrgica se realizó de manera usual, exitosa, bajo anestesia regional, como se había planteado... El paciente conservó su conciencia durante todo el procedimiento”. Esta fue una importante previsión y por suerte el diagnóstico no hacía necesaria la anestesia general, por lo que no se configuró la “ausencia temporal” que, según las normas colombianas, debe ser cubierta de inmediato por el vicepresidente de la República.


A la hora de escribir este comentario, se decía que el presidente Santos, aun hospitalizado y con las limitaciones propias de su convalecencia, estaba despachando asuntos de gobierno, armado de computador, teléfonos, BlackBerry y iPad, en una demostración de fortaleza y de sentido del deber realmente admirables. Sin embargo, más vale que no se exceda en arrestos juveniles y tome el asunto de su salud con calma, pues, como dice el sabio vulgo: “no está el palo pa’ cucharas”.  Más cuando ayer el país estaba pendiente del resultado del examen médico a que debió someterse el señor vicepresidente por orden del Senado de la República.


A propósito de esto último, pensamos que no se trata de un atropello al derecho a la privacidad del doctor Angelino Garzón, ni mucho menos un intento de “golpe de Estado” a quien viene ejerciendo la Vicepresidencia, como creen algunos. En junio pasado, en momentos en que el Dr. Garzón estaba hospitalizado y sometido a un delicado tratamiento, anotábamos aquí que nos parecía impertinente y un tanto irrespetuoso hablar de cuál sería la solución de continuidad de tipo institucional en caso de fallecimiento o de una incapacidad permanente, entre otras razones porque esa eventualidad está claramente prevista en la Carta Política y en el Reglamento del Congreso.


Pero ante una coyuntura tan delicada -e inédita en la historia reciente del país- como la que se acaba de presentar, nos parece no solo pertinente sino inaplazable que el Senado haya ordenado la evaluación médica del vicepresidente, para determinar si está en condiciones físicas y mentales de mantenerse en el cargo y de cubrir una eventual ausencia del presidente. Lo que está en marcha -por una votación de 70 votos a favor y cinco en contra en Plenaria del Senado- es un procedimiento establecido en el Artículo 326 de la Ley 5a de 1992, que reza que, de acuerdo con el Artículo 26 de esta misma norma, “los informes médicos y el cuadro sintomático certificado, posibilitarán al Congreso para declarar en estado de incapacidad permanente al vicepresidente de la República” y “tal declaración se extenderá por escrito y en un término no mayor de tres (3) días al presidente de la República y al mismo vicepresidente”.


Después de alguna reticencia inicial a someterse al procedimiento -quizá por falta de información o mala asesoría de cercanos colaboradores- el doctor Garzón aceptó de buena gana que un neurólogo y dos siquiatras, seleccionados a petición del Senado por la Academia Nacional de Medicina, la Federación Médica Colombiana y el Tribunal Nacional de Ética Médica, le realizaran los exámenes pertinentes. Rogamos al cielo que, en aras de la estabilidad de las instituciones y de la tranquilidad del propio vicepresidente y su familia, el dictamen de los médicos sea favorable a su permanencia en el cargo.