Columnistas

Elecciones en Venezuela
Autor: Rafael Bravo
5 de Octubre de 2012


Las elecciones presidenciales venezolanas si bien copan los titulares de muchos medios en Hispanoam閞ica, el tema en los Estados Unidos es visto sin mayor despliegue.

Las elecciones presidenciales venezolanas si bien copan los titulares de muchos medios en Hispanoamérica, el tema en los Estados Unidos es visto sin mayor despliegue. Por un lado, la administración Obama muy hábilmente ha rehusado referirse de manera directa a Chávez pues de hacerlo estaría dándole oxígeno político al régimen chavista, algo que sería aprovechado a su favor. No hay que olvidar que tanto Washington como Caracas retiraron a sus respectivos embajadores en el 2010 y Venezuela rechaza la presencia de la Administración Antidrogas (DEA) en el país. Asimismo, la estrategia ha sido evitar pronunciamientos en torno a la salud de Chávez lo que ha servido para desviar la tensión diplomática durante los últimos meses.


Así Chávez haya procedido a nacionalizar la industria energética y expropiado a las grandes multinacionales norteamericanas, la economía venezolana es altamente dependiente de lo que ocurra en los Estados Unidos, pues la estatal Pdvsa exporta el 45% de su petróleo a este país y además participa en el mercado detallista como distribuidor directo con estaciones de gasolina a través de Citgo. En consecuencia, el intercambio comercial entre ambas naciones prácticamente se concentra en el sector petroquímico.


Hugo Chávez es una figura emblemática que se ha convertido en la piedra en el zapato de Washington durante las últimas 3 décadas. La revolución bolivariana del siglo XXI; la creación del Alba, como bloque alternativo al Alca; la cercanía con regímenes de muy amargo sabor para los Estados Unidos como Irán, Siria y Libia bajo el mando de Gadafi, terminan siendo señales que provocan recelos y cuestionamientos. A lo anterior habría que agregar la influencia política y económica del régimen cubano sobre la administración Chávez a un costo astronómico, no solo para el fisco venezolano sino en la vida de sus ciudadanos.


Una eventual victoria del candidato Henrique Capriles representaría un replanteamiento en la relaciones Washington-Venezuela-América Latina. Pero en caso de un resultado incierto, en el que el triunfo de Chávez o del opositor sea demasiado estrecho, varios analistas advierten que la estrategia puede verse superada por los acontecimientos. Por un lado, los seguidores del presidente rechazan de plano un cambio de dirección. Bien lo expresó el líder de los trabajadores del sector petrolero: “Es imposible que Capriles gane este año… Nosotros, la clase obrera, no se lo permitiremos”.


Capriles, por su parte, ha llamado a defender la legitimidad de los comicios. El candidato de la oposición es visto como el símbolo de una nueva generación cansada de los excesos y abusos de poder del chavismo. Sin duda, muchos de los que en anteriores comicios apoyaron al actual mandatario sienten que la creciente violencia, el desempleo y una incontrolable inflación son motivo suficiente para ensayar las promesas de cambio que ofrece la oposición.


Venezuela ya no será lo misma a partir del 7 de octubre cualquiera sea el resultado: a nivel interno, la balanza de poder sufrirá una recomposición en la Asamblea Nacional y el chavismo tendrá que aprender a vivir en la oposición o aceptar que existe una fuerza nueva con una visión de país más incluyente. En el frente externo, los hasta ahora aliados incondicionales de Chávez – Cuba, Nicaragua y Bolivia – se verán enfrentados a la realidad de una América Latina sin los subsidios y el apoyo de su protector. Está por verse cuál es el papel de los Estados Unidos en esta difícil coyuntura.