Columnistas

Fisiolog韆 y totalitarismo
Autor: Carlos Alberto Gomez Fajardo
4 de Octubre de 2012


Para los reg韒enes totalitaristas es esencial que todos los miembros de la sociedad est閚 al servicio de un pensamiento 鷑ico.

Para los regímenes totalitaristas es esencial que todos los miembros de la sociedad estén al servicio de un pensamiento único.  En la célebre película “La vida de los otros” se muestra hasta dónde la intromisión de un omnipresente estado policial convierte a las gentes en simples tuercas de una afinada maquinaria. No es otra la realidad de las oscuras décadas del terror estalinista, cuando se enviaba a los Gulag a cualquiera con el expediente de una acusación formulada por un vecino. Así sucedió con los comités de “salud pública” del terror de Robespierre. Lo que fuera interpretado como una  desviación de un pensamiento oficial era causante de persecución implacable. Cuando perdió el control de su maquinaria, el propio abogado y demagogo francés comprobó, con su cabeza, la brutalidad de sus métodos.


Tras estos episodios sombríos de la historia, hay jueces. La férrea estructura de los partidos únicos –como ejemplo el nacional-socialismo nazi y los organismos judiciales soviéticos- hicieron de aquellos funcionarios herramientas para la imposición de la visión ideológica que el momento exigía. Bajo el marxismo bastaba (aún sucede) una acusación para que los organismos secretos  iniciaran la persecución.


Hoy se dan hechos preocupantes: parece que si a algunas cortes un aspecto particular de la realidad les incomoda, entonces, mediante sentencias, cambian la realidad y pretenden exigir que todos acepten dóciles lo que a algunos en un momento determinado conviene.


La “ideología de género” ha controlado altos niveles de organismos internacionales. A partir de allí se ha pretendido establecer que el aborto es un derecho, y –paradójica imposición- que es algo que promueve y mejora la condición de dignidad de la mujer. En Colombia algunos activistas al servicio de aquella visión ideológica han emprendido una dura campaña mediática contra un funcionario de alto rango que se ha referido a un hecho cierto, proporcionado por el conocimiento actual de la fisiología humana: para que exista implantación del blastocisto en un endometrio normal, es preciso un cuidadoso equilibrio hormonal. La manipulación deliberada de aquel delicado entorno hormonal conduce a la alteración del proceso de la implantación y subsiguiente pérdida precoz del embarazo. Eso sucede con la píldora del día siguiente, en caso de que haya existido fecundación.


Las normas, o leyes, o sentencias que algunos emitan al respecto, no cambian un dato de la realidad, suficientemente documentado en los textos de fisiología, al alcance de quien quiera considerarlos.


Sucede algo cierto: existen grandes intereses en manipular la información y en tratar de deformar la verdad. Desde hace décadas autoridades de alto rango han inventado que el embarazo comienza con la implantación. Esto es falso. También han inventado que el aborto ya no se llama aborto, sino “IVE”, (interrupción voluntaria del embarazo), cosa que no es sino sustitución eufemística de una realidad de negativas consecuencias antropológicas. También denominan “terapéutico” a lo que mejor se denominaría feticidio. Tras ello existe una brutal intencionalidad de modificar el “ethos” hipocrático de la profesión médica, orientada, en su razón de ser, hacia el respeto y promoción de la vida de todos, sin excepción.


En el oleaje de intromisiones de la “ideología de género” se ha venido cuidadosamente  deformando la verdad, con el fin de confundir incautos: ante ello lo menos que puede tener una opinión pública documentada y seria es un alto nivel de alerta y una exigencia de rigor a quienes pretenden hacer creer que irrespetar la vida humana naciente es una adquisición de la democracia. Es, por el contrario, una expresión de la negación de la democracia.