Columnistas

Joaqu韓 Vallejo A.: El hombre, el abuelo
Autor: L醶aro Tob髇 Vallejo
4 de Octubre de 2012


El 4 de octubre de 1912 nace en Rionegro, Antioquia, Joaqu韓 Vallejo Arbel醗z, que para muchos de mis lectores es reconocido por sus ejecutorias durante su paso por la administraci髇 p鷅lica y privada, acciones que dejaron profunda huella

El 4 de octubre de 1912 nace en Rionegro, Antioquia, Joaquín Vallejo Arbeláez, que para muchos de mis lectores es reconocido por sus ejecutorias durante su paso por la administración pública y privada, acciones que dejaron profunda huella en la sociedad colombiana, como son el Central Femenino de Antioquia, CEFA, el Instituto Pascual Bravo, la Escuela de Ingenieros de Antioquia, el otrora Pacto Andino, hoy Comunidad Andina de Naciones y el denominado “Plan Vallejo” como instrumento de fomento a las exportaciones no tradicionales del país.


Académico por amor y convicción, docente universitario frustrado, como decía él, porque la vida pública lo llamó sin quererlo, pero bajo sus principios que nos transmitió a hijos y nietos nos decía que un Vallejo no se negaba a prestarle los servicios al país cuando se le requería y fue así como dirigió tres ministerios, fue embajador en la ONU y negociador por Colombia en la integración latinoamericana para la creación del Pacto Andino.


Joaquín Vallejo Arbeláez, el hombre, no fue bachiller. En quinto de bachillerato, que estudiaba “requeteinterno” en el Instituto Técnico Central con los hermanos Lasallistas en Bogotá, decidió presentarse a la Escuela Nacional de Minas, en Medellín, porque “ya sabía lo que le estaban enseñando y se aburría mucho”, dijo él en algún momento y fue aceptado a lo que denominaban el -1. Él, a mitad de carrera, comenzó a dictar las clases de álgebra, trigonometría, matemáticas a los primíparos. Siendo estudiante fundó la revista Dyna, que aún hoy es reconocida en el ámbito de la ingeniería. También, sin graduarse, fue director del Liceo Antioqueño. Era presidenciable y muchas veces le cantaron al oído, pero él nunca aceptó porque la política desde la praxis no le gustaba, por el tema de la politiquería.


En su paso por la Dirección de Instrucción Pública, le tocó luchar contra el machismo medellinense de la época (mediados años 30) porque iba a acabar con el hogar antioqueño al darle la oportunidad de prepararse mejor a la mujer. Fue cuando fundó el CEFA, también le tocó demostrar que la mujer tenía un cerebro útil, que le permitía pensar. Crítico del modelo educativo de ese entonces porque no enseñaba a pensar, tenían que repetir la lección. En una entrevista en Radio Bolivariana dijo que la educación era muy mala, por lo que se dedicó a la tarea de transformar la didáctica y la pedagogía.


Pero ese prohombre tuvo a su lado una gran mujer, Nelly Mejía Arbeláez, quién paralelamente a él, la educación le preocupaba, y ayudó a fundar con otras importantes damas el Colegio Industrial de Rionegro, la Escuela de El Tablazo en el mismo municipio, La Escuela Nacional de Sordomudos, entre otras ejecutorias cívicas.


El abuelo, introvertido, siempre de buen humor, nunca descompuesto por una situación adversa, no se dirigía hacia nadie en malos términos, nos profesó no solo el amor por la patria y el compromiso hacia ella, sino una visión de equidad y justicia.


Durante las caminadas y montadas a caballo, el abuelo, ganadero, agricultor, agroindustrial y reforestador, nos enseñó desde el conocimiento práctico a pensar y analizar el funcionamiento de muchas cosas, a conocer la naturaleza y a respetarla. Nos enseñó que la vida es de sueños y retos, siempre vista con optimismo así al final del túnel no se vislumbrara una luz esclarecedora.


El abuelo tenía la esperanza de una Colombia equitativa y en paz, para ello trabajó durante varios años, pero ese sueño no lo pudo ver materializado.


Terminó sus últimos años viviendo en el corazón de Medellín. Nos contaba que después de su gran amor, encontró en su mejor aliada, la soledad, el espacio que le permitía seguir devorando libros, pensar y escribir, a su vez mantenía un diálogo silencioso sin interrupciones con Simón, el habitante permanente del Parque de Bolívar, sobre los temas del devenir nacional.


El 31 de diciembre del año 2005, el Creador sacó la ficha para que el abuelo nos siguiera acompañando desde la eternidad. In memoriam en su centenario del natalicio.