Columnistas

¿Cuáles cuentas claras?
Autor: Tomás Castrillón Oberndorfer
3 de Octubre de 2012


Es bien conocido el dicho: “Las cuentas claras y el chocolate espeso”, que se refiere principalmente a la diafanidad y transparencia que deben tener las actuaciones, los procesos y los desempeños de todos

Es bien conocido el dicho: “Las cuentas claras y el chocolate espeso”, que se refiere principalmente a la diafanidad y transparencia que deben tener las actuaciones, los procesos y los desempeños de todos, especialmente de quienes ostentan posiciones oficiales de dirección y manejo.


Desgraciadamente no siempre es así. Una de las causas es que se suelen olvidar los desempeños de vieja data de muchos funcionarios. Bastaría recordar los casos del “Apagón, con barcazas incluidas; la financiación de algunas campañas electorales presidenciales; la “Catedral”; los escándalos de Dragacol y Orbitel. No estaría demás, por ejemplo, analizar el periplo del actual Mandatario por las tierras inglesas durante su vinculación con los cafeteros.


También ocurre, con demasiada frecuencia, que los presupuestos estimados para el desarrollo de muchas actividades y obras, se disparan y resultan muy superiores a los estimativos iniciales, y queda la impresión que para muchos personajes es, como diría Marañas, lo mismo ocho que ochenta.


Parece también que hay mucha desorientación por parte de algunos personajes de la dirigencia. Por ejemplo: recientemente, un ex gobernador, quien aparentemente no ha superado el trauma que le ocasionaron las vicisitudes propias de los trabajos para obtener un doctorado en París, afirmó que: “En el Estado es mucho más difícil gastarse los recursos que conseguirlos”. Parece que el ilustre personaje se desconectó de la realidad nacional. Bastaría mirar la forma tan “generosa” como el Primer Mandatario establece agencias y nombra altos comisionados a diestra y siniestra. (¿Para qué son, entonces, los ministros?). Es el “no se fije en gastos” del compadre Chuma en la tira cómica Condorito. Bastaría también analizar los gastos de la campaña publicitaria de la Gobernación para promover su lema de “Antioquia la más educada”, si se tiene en cuenta que tiene empapelado al Departamento con ese eslogan, cumpliendo su otro lema consistente en: “Lo hicimos en Medellín y ahora lo haremos en Antioquia”. Tanto a nivel nacional como en el local, se ha demostrado la “facilidad de gastar” en ingentes campañas publicitarias, favoreciendo a la “gavilla mediática”, con lo que han llamado eufemísticamente “pauta publicitaria”.


Tampoco aparecen las “cuentas claras” en el desarrollo de muchos proyectos de infraestructura. A nivel local basta recordar la construcción de la doble calzada a Las Palmas, que no han podido terminar, y ahora se están gastando una buena cantidad de recursos maquillándola, olvidando aquel refrán que dice: “La mona aunque se vista de seda, mona se queda”, porque el hecho cierto es que se trata de un pésimo diseño geométrico vial.


El otro triste ejemplo de carencia de “cuentas claras” es el Metroplus que tampoco han podido terminar, y que constituye, en sí, un flagrante detrimento patrimonial.