Columnistas

La lección de Joaquín Vallejo
Autor: José Alvear Sanin
3 de Octubre de 2012


Mañana, 4 de octubre, se celebra el centenario del nacimiento de Joaquín Vallejo Arbeláez, con un sobrio homenaje a su memoria, determinado conjuntamente por la Sociedad Antioqueña de Ingenieros y Arquitectos y la Facultad de Minas.

Mañana, 4 de octubre, se celebra el centenario del nacimiento de Joaquín Vallejo Arbeláez, con un sobrio homenaje a su memoria, determinado conjuntamente por la Sociedad Antioqueña de Ingenieros y Arquitectos y la Facultad de Minas.


Entre los egresados de esa Facultad, la figura de Joaquín Vallejo se codea con los mejores, pero su trayectoria múltiple hacía imperativo un reconocimiento especial. Joaquín sobresalió como ingeniero, estadista, economista y pensador.


Como su vida (1912-2002) fue tan dilatada, todavía lo recordamos centenares de colombianos. Lo primero que viene a la mente es la llaneza del personaje. Ajeno a la vanidad que con tanta frecuencia acompaña el éxito, Vallejo se distinguía por lo afable de su acceso. En su conversación no cabían la exageración, la curiosidad malsana o el menosprecio por quienes opinasen de manera diferente.


Objetividad y ecuanimidad eran características dominantes de su personalidad, virtudes que lo hacían especialmente hábil como eficaz componedor en situaciones críticas. Por eso fue ministro de Gobierno al iniciarse la administración de Misael Pastrana Borrero, y por eso se pensó varias veces en su nombre para la Presidencia de la República. Sin embargo, la política no era lo suyo, aunque el servicio del Estado en momentos bien difíciles como Ministro de Fomento en 1957 y de Hacienda en 1965-66, lo había convertido en personaje nacional.


Como gerente de Droguerías Aliadas S.A., gran mayorista de productos farmacéuticos, Vallejo prefirió enfocar la empresa en la introducción de los medicamentos genéricos en Colombia, aunque no fuesen la línea más rentable, porque su responsabilidad con la sociedad le parecía más importante aun que la generación de copiosas utilidades.


Al lado de su integridad, jamás puesta en duda, Vallejo supo combinar, a través de toda su laboriosa vida, la acción incesante con una insaciable curiosidad intelectual. Sus densos libros, especialmente El Misterio del Tiempo y los cuatro tomos de Los Límites de la Libertad, exigieron las incontables horas de estudio de que normalmente no disponen los ocupados gerentes ni los padres de numerosa prole.


En Colombia, en los últimos años, se falla mucho en el estudio profundo de los asuntos y vemos con frecuencia inopia intelectual en descollantes figuras de la vida política y de los negocios. Por el contrario, la lección de Vallejo se resume en integridad, estudio, trabajo y responsabilidad social, combinación requerida para alcanzar la esquiva condición de líder.