Columnistas

¿Cuál crisis, señor Rector?
Autor: Alvaro T. López
2 de Octubre de 2012


Sorprende la congoja del señor rector de la antes gloriosa Universidad de Antioquia, ante la según él inminente crisis que sufrirá la universidad pública por falta de los recursos económicos que deben provenir del Estado.

Sorprende la congoja del señor rector de la antes gloriosa Universidad de Antioquia, ante la según él inminente crisis que sufrirá la universidad pública por falta de los recursos económicos que deben provenir del Estado. No se entiende cómo en medio de un estado de “anormalidad académica”, como se llaman ahora los paros para eludir las acciones de control, se puede acudir a los argumentos de la vieja izquierda, de que es afuera donde están los enemigos y no adentro como lo señala la evidencia. La sensación generalizada es la de una universidad al servicio de todas las fuerzas del mal, pero muy poco vinculada a la solución de los problemas sociales, dilapidando recursos que deberían significar instrucción eficaz y esperanzas de progreso.


Y de los muchachos ya se vislumbra el destino de todos los que históricamente han manejado el discurso zurdo, manipulado, obsoleto e inútil de enfrentarse a la organización oficial: unos se han mantenido en su posición de eludir el baño y el cambio, de permanecer aferrados a la manía de la marginalidad para explicar su existencia; otros han corrido a cambiarse para el bando explotador, sin importarles las penas populares que antes esgrimían como banderas. Para muchos de los quemadores de carros de hace unos años, hoy la medicina es un negocio del que hay que lucrarse, sin importar lo que sufra la gente, la Universidad es una trinchera desde la cual se puede ejercer las peores atrocidades, pues siempre queda la Policía para culpar.


Puede ser que haya instituciones de educación superior que tengan autoridad para clamar al cielo centralista del presidente Santos por un riego de dinero que los saque de la penuria, pero aquí hemos derrochado dinero a dos manos, hemos mantenido un silencio criminal frente a lo que pasa en la Universidad, hemos permitido que unos cuantos personajes nos dicten las normas de manejo de algo que en cualquier conglomerado es de importancia sublime, como lo es la Universidad. Todo para que viejos políticos que ya no caben en ninguna parte, se jacten públicamente de los choferes que les pone la Universidad y del gran poder que ejercen a partir de su gran amistad con el rector. Para eso no hay que dar más dinero del erario.


Antes de hacerlo, de exigir más recursos dinerarios, la Universidad debe rendirle cuentas a la sociedad. Decir, por ejemplo, qué son y para qué sirven las cacareadas investigaciones científicas, quiénes terminan siendo sus propietarios, y cuánto se gasta en ellas. Hay que explicar el laberíntico entramado de los servicios sanitarios en los que se involucra la Universidad, porque una red que ya se extiende por gran parte del país, debe ser un gran negocio, pero ¿quién se queda con las ganancias? Y hay que contar lo que sucede en las uniones con la empresa privada. Urge que los organismos de control nos cuenten sobre el real estado de las cuentas de la Universidad, para poder aspirar a nuevos giros, para que se salven los sueños de nuestro pueblo.